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Pulp Fiction, 1940 · page 87 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 87: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — page 87: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

plomo en sus pies, siguid avanzando. Enfoc6é una calle, algunas luces brillaban a través de las puertas y ventanas; de los interiores surgian voces varoniles, risas, juramentos; Stella se apart6 temerosa y busc6 lugares mas alejados. Por fin, lleg6 a una plaza. La luz de la luna ilumin6 los edificios y en uno descubrié un rdétulo que le emociono, eran las oficinas del sheriff. Stella avanz6 y temblando de angustia, aporred la puerta con ansia, alguien contesté6 dentro, luego, se abrié la puerta y cuando la figura del sheriff aparecia en el vano, Stella incapaz de resistir mas, se desmay6 siendo recogida por él antes de caet... ele ele ) Ya a PAN a Vera despert6 bruscamente como si hubiese vibrado un rotundo canonazo. El silencio era absoluto y sin embargo, sentia una sensaciOn de zozobra y peligro inmediato que le alarmé. Bruscamente se puso en pie llevando la mano al revdélver que guardaba en su bolsillo y requis6 los alrededores, pero no descubrié nada alarmante. Zenker dormia y de no haberse despertado él, no habia raz6n para que ella sintiese tal sensacién de miedo. Mas tranquila regres6 de nuevo a su sitio. Ya no poseia sueno. Este habia huido de sus parpados y de nuevo la angustia de pensar en la ausencia de su padre le atormento. De modo inconsciente, al pasar por delante de la boca de la cueva, mir6 al interior oscuro. Nada podia ver, pero fue una mirada casual. Luego, baj6 los ojos a tierra y al hacerlo quedo envarada. Sobre la htimeda y verde hierba, se destacaba la nota amarillenta de unos trozos de cuerda. Al tomarlos comprob6 que habian sido rozados. Los flecos de las rozaduras se mostraban en los extremos, mientras el fuerte nudo aparecia sin deshacer y adivinando la verdad, lanz6 un rugido de desesperacion y penetr6 en la cueva palpando las paredes con ansia y llamando con voz ronca a Stella. A sus gritos, Zenker despert6 sobresaltado empunando el revolver. Rapido corri6d a la cueva, cuando Vera temblando de angustia sali6 de ella palida y desencajada: —jOh, Zenker! —gimio6—. jStella... se ha escapado! cConniclooolks C@©