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Pulp Fiction, 1940 · page 86 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 86: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — page 86: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Mediada la noche y aprovechando el fulgor de las estrellas, eché un vistazo hacia afuera. Vera que vigilaba su prisi6n se habia quedado dormida recostada contra un arbol. Tenia la cabeza inclinada a un lado y su sueno parecia profundo. Stella se miré las manos con desesperacion. Sus ligaduras no eran cadenas precisamente, pero para un temperamento tan delicado como el suyo se le antojaban cables trenzados. En su desesperaci6n, tropez6 con una arista de la piedra que formaba la entrada de la cueva, rozando las cuerdas y este incidente le dio la solucion. Afanosa, empezo a frotarlas contra la arista aranandose la piel, pero desgastando el camamo y asi, en menos de un cuarto de hora, consigui6 ver libres sus manos. Las munecas le dolian horriblemente de la presion, friccionandolas, consigui6 paliar el dolor y restablecer la circulacion de la sangre. Ya libres sus manos, se arrancé la mordaza respirando con fruicién el aire fresco de la noche y desaté las cuerdas. jEstaba libre! Con el coraz6n palpitante de angustia, se asomo al exterior. Zenker dormia también bastante mas alejado y en cuanto al conductor del carruaje, no le vio. Por un momento quedo indecisa, no sabia qué actitud tomar, pero algo tenia que hacer si no queria perder aquella oportunidad unica que se le presentaba. Las luces del pueblo la fascinaron. Si lograba alcanzarlo antes de que se descubriese su fuga, alli podria encontrar alguna autoridad que le protegiese. Ansiosamente se deslizo por la hierba cuidando de pisar con suavidad y asi, poco a poco, temiendo a cada instante que sus terribles enemigos despertasen y frustrasen su fuga, se fue alejando de aquel terreno con la nublada vista fija en las luces del poblado. Cuando dej6é atras a sus opresores ech6é a correr con toda la celeridad que su emocién le permitia y por fin alcanzo la polvorienta senda. Al otro lado, empezaba a extenderse el pueblo. Las primeras casas protegidas por tapiales, salieron a su vacilante paso. Stella tuvo que apoyarse en los tapiales para no caer victima de la alegria que ello inundaba su alma y asi, a paso lento, como si arrastrase cConniclooolks C@©