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Pulp Fiction, 1940 · page 48 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 48: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — page 48: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

El sol picaba fuertemente, pero ella no lo sentia. En cambio Nino, no solo se notaba molesto por el sol, sino que aburrido estaba observando cémo un sueno pesado se apoderaba de él. Como la pesca no era un espectaculo que le interesase, decidid sentarse un poco alejado del estanque aprovechando la grata sombra de un castano y con el sombrero inclinado sobre los ojos para hurtarlos a los rayos del sol, termin6 por dormirse gratamente. Stella absorbida por aquel emocionante entretenimiento, se desentendié de él. Le habia visto buscar un lugar grato donde dormir y le basté saber que se hallaba cerca. No lejos de alli se procedia a cargar los dos grandes carros con la carne recién desollada. Durante toda la manana, habian estado varios peones dedicados a la tarea de matar y desollar reses, mientras los conductores de los dos carros, seis hombres en total, al mando de un carrero viejo y barbudo, deambulaban por los pastos husmeando la propiedad para matar el tiempo. Nino dormia placidamente al pie del castano, cuando suavemente, por detras de la marana del arbusto, surgieron dos rostros innobles, que con los ojos encandilados echaron un vistazo alrededor. Stella de espaldas a ellos, no podia verlos y el mejicano dormido, tampoco. Cuando se convencieron de que no habia nadie mas por los alrededores, se deslizaron suavemente por la hojarasca rodeando el castano. Ambos esgrimian en la mano dos impresionantes «Colts». Un tercer individuo surgid poco después detras de ellos. En su mano derecha, brillé a la luz del sol de la tarde una gruesa barra de hierro pulido y con ella levantada, se fue acercando al mejicano. Se detuvo a dos pasos de él, le mir6 fieramente, calculd la distancia y de stibito, dej6 caer la barra con terrible fuerza sobre la cabeza de Nino. Este se estremeci6, lanz6 un grufido de dolorosa angustia e inclinandose de costado cay6 sobre la hierba sin hacer movimiento alguno. Entonces, los tres individuos pisando suavemente para no ser descubiertos, se fueron acercando a Stella. La joven muy emocionada, tratando de conseguir que una gran trucha que rondaba, el sedal picase en el anzuelo, no se dio cuenta del peligro cConniclooolks C@©