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Pulp Fiction, 1940 · page 49 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 49: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — page 49: Pulp Fiction, 1940

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que se aproximaba a ella y cuando pudo saber de él, ya era tarde. Subitamente vio reflejandose sobre el agua tres sombras que saltaban como fieras. Asustada volvid la cabeza, pero en aquel momento, alguien le aferraba del cuello para que no gritase, otro le arroj6 algo espeso a la cabeza tapandole reciamente el rostro y luego, se vio suspendida en el vacio sin poderse librar de aquella fiera presion. Todo fue tan rapido, tan medido, tan bien ejecutado, que apenas si transcurrieron cinco minutos desde su aparici6n entre el boscaje hasta su desaparicion por el mismo sitio. Cuando se ocultaron en un espeso soto, un viejo barbudo que esperaba lIleno de impaciencia el resultado de aquel ataque, exclam6 con regocijo: —jBravo, muchachos, os habéis ganado el doble de lo prometido! Oidme bien. Atarla con cuidado y amordazarla mejor. No pesa mucho. Uno se la llevara hasta ocultarla en el lugar convenido, los demas rapidos a los carros para que no os echen en falta. Cuando la carne esté cargada, los carros pasaran por el lugar donde la tendréis escondida y sera ocultada entre la carne. Nadie se dara cuenta inmediata del rapto y cuando la echen en falta, estaremos lejos. jAdelante! Entre dos, redujeron a Stella a la impotencia mas absoluta, y uno de ellos, grande y forzudo, se la cargé a la espalda y deslizandose por los sitios mas espesos de vegetacién, desaparecio de la vista de sus companeros. Estos se separaron y poco después, reaparecian bastante mas abajo en el lugar donde se estaban ultimando los preparativos para la carga de las reses muertas. Estas fueron cargada: en los dos grandes carros y poco después, los vehiculos partian por el aspero terreno, sin que nadie hubiese podido sospechar la tragedia de que habian sido actores. Los carros se deslizaron por una senda labrada por ruedas y poco a poco, se fueron alejando del lugar del sacrificio, sin que nadie se preocupase de ello. La carne estaba encargada hacia, varios dias, el precio ajustado con arreglo al mercado del momento y como el que aparecia como encargado de la compra abono en el acto el importe de las reses, al capataz del atajo no tenia por qué sospechar nada anormal en los cConniclooolks C@©