ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 42 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 42: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim: Texas — page 42: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

su chaqueta el revdélver, se apoy6 medio desfallecida contra los restos de la mesa. Al rojizo resplandor de la vela, Texas pudo apreciar su palidez, el cansancio que se reflejaba en su rostro, las huellas de la tensi6n nerviosa que le habia mantenido en aquella posicién durante toda la dramatica escena y adivind que habia quedado tan destrozada, que su recuperacion debia costarle un esfuerzo sobrehumano. Texas, hombre bueno y leal acababa de sentir una honda transformaciOn de sus sentimientos hacia ella. Lo que hasta entonces constituia odio, se convirtid de un modo sensible en piedad. Se daba cuenta de que era una mujer, con un temperamento femenino pese a su educaci6n salvaje y enérgica y como mujer, sus reacciones estaban supeditadas al coraz6n mas que al cerebro. La fatalidad habia hecho que se enamorara de él y este intimo sentimiento habia salvado su vida por el momento, pero, ¢y después? Ella sabia que era imposible aquel amor y sin embargo, habia luchado por él. ;Qué pasaria cuando un dia adquiriese la conviccién de que su prima Stella era quien tnicamente podia triunfar en aquella pugna de sentimientos? Por otra parte, aunque su opiniédn pudiese pesar, quedaba el financiero. Este no era ella, nada tenia que someter a un sentimiento amoroso y si como era légico se ponia al lado de Zenker, poco o nada habria conseguido con que ella de momento se jugase todo a una carta tan decisiva por salvarle de la muerte. Tenia que hacer algo para aprovecharse de aquel colapso de identidad entre sus enemigos, pero no acertaba a ver cOmo podria aprovecharlo. Sin precipitarse a hablar, esperd. Era mejor dejar a la joven que reaccionase un tanto y que fuese ella quien le marcase la pauta a seguir. Durante varios minutos angustiosos, un silencio impresionante reino en la estancia, silencio que sdlo era turbado por la respiraci6n jadeante y angustiada de la hija del financiero. Por fin, ésta, serenandose un tanto, se volvié y tras contemplar el rostro hermético de Texas, en el que no pudo leer ninguno de sus pensamientos, exclamé: —No me agradezca lo que he hecho por usted, capitan. Aunque ese miserable me ha adjudicado sentimientos que no existen, no lo cConniclooolks C@©