ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 41 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 41: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim: Texas — page 41: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

disparando contra Zenker. Este recibi6 el tiro en el brazo cuando sacaba el revélver y se vio obligado a dejar caer el arma lanzando un rugido de dolor, pero el movimiento que inici6 para lanzarse sobre Vera, qued6 cortado ante su revolver humeante. —jTraidora cochina! —Barboted—. jMereceria que la pulverizase por imbécil! Ella palida y desencajada, le miré de un modo homicida y grit6: —Fs usted el animal peor intencionado del mundo y el mas vanidoso de él. Me ha insultado usted adjudicandome sentimientos que no poseo y que aunque los poseyese, se salian de su jurisdiccién y ha osado arrogarse poderes que no posee. Quiero hacerle ver cual es su puesto en nuestra organizaciOn. Usted es el secretario de mi padre nada mas y si esto no le satisface, puede renunciar al cargo y maniobrar por su propia cuenta, bien entendido que nada ganara con amenazas idiotas contra nosotros. Para denunciar, tiene usted que denunciarse antes y su conciencia tiene tanto de qué acusarse que le dara miedo. »Y ahora, haga el favor de salir de aqui. Le prohibo que aparezca por esta cabana hasta que mi padre haya regresado. Cuando él vuelva, discutiremos el asunto y si cree que la raz6n es de usted, por mi parte no seré un estorbo; me separaré de la sociedad y obraré por mi propia cuenta. Zenker con la mano agarrotada sobre el brazo para contener la salida de la sangre, mird de modo ominoso a los dos rufianes que habian asistido impasibles a la escena y loco de furor, rugi6: — Qué hacéis ahi, imbéciles? ¢Por qué no la desarmdais? ;No os pago para eso? Vera rio diciendo: —FEsta usted equivocado, soy yo quién les paga. Por eso escogi entre todos, los que sabia que me eran leales. No es a usted a quién obedecen, sino a mi padre. Acepte su fracaso y vayase, Zenker, me esta revolviendo el est6mago con su presencia. El secretario proximo a la locura, abandoné como un torbellino la estancia y Vera dirigiéndose a sus hombres, ordeno: —Podéis salir y vigilar fuera. No le dejéis volver hasta que mi padre o yo lo autoricemos. Hacedle volver atras aunque sea a tiros. Los dos rufianes obedecieron y Vera, guardando en el bolsillo de cConniclooolks C@©