ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 33 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 33: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim: Texas — page 33: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

cerebro, no suponia qué clase de sorpresas eran las que ésta le reservaba. Paso una noche horrible, no sdlo por el dolor intenso que sentia en la cabeza, sino por la tensién de musculos y la postura violenta que tenia. Para dulcificarla, se tendi6é en la tierra que servia de piso y, era tal el cansancio que le dominaba, que se qued6 dormido. Entraba el sol por la estrecha ventana del fondo de la estancia, cuando despert6. Sus dolores eran atin mas intensos y estaba deseando que tomasen con él una decisi6n por tragica que fuese, antes que seguir sufriendo aquel lento martirio. Poco mas tarde, la puerta se abri6 y la antipatica silueta de Zenker aparecio en la estancia. Por la siniestra sonrisa que florecia en sus labios Texas adivin6é que venia a resolver sus fatidicos planes. —Buenos dias, capitan —dijo humoristico— supongo que habra descansado usted bien en este bello palacio. Quiza el lecho no sea tan suave como el de su opulenta hacienda, pero... Como observara que Jim le miraba con desprecio, se enfurecié y continuo: —FEsta usted presumiendo demasiado de valeroso y me parece que voy a terminar con su orgullo... Ayer le prometi a usted algunas sorpresas y hoy vengo a darselas. Preparese, que le voy a presentar a la persona con quien menos supondra usted tropezarse en este mundo. Se asom6 a la puerta, e hizo un gesto expresivo con la mano. Alguien avanzo y Texas ansiosamente clav6 los ojos en la puerta. La afirmaci6n de Zenker no se vio desmentida. Texas abrio los ojos con inaudito asombro y pleg6é los labios en una mueca indefinible, al descubrir frente a él a Claudio Spack, el financiero. De no haberle conocido muy bien, hubiese creido que todo aquello era una farsa preparada habilmente para impresionarle. Spack, palido, pero con los labios contraidos por el odio, se qued6é contemplandole desde el vano de la puerta y por fin, con voz cascada, exclamo: —Capitan Texas, supongo que ahora habra perdido toda esperanza de salvaci6n después de enfrentarse conmigo. La cuenta de aquel dia en Texas, cuando me colg6 usted del arbol, esta por liquidar y se liquidara cumplidamente. cConniclooolks C@©