Pulp Fiction, 1940 · page 32 of 102
Aventuras de Jim: Texas — page 32: what you’re looking at
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altos poderes y que si estos no han intervenido de modo rotundo es porque yo no he querido. Ayer sali de mi hacienda. Quedan alli mil hombres que me adoran. Si pasado manana no estoy de vuelta, saben dénde deben buscarme. La carta de Zenker tendiéndome la celada la conocen varias personas que tienen orden de actuar pasado ese plazo. Me parece que América va a resultar un tubo muy estrecho para que se muevan ustedes en él si yo caigo. Vera perdia el color a medida que Jim hablaba. No sabia si lo que estaba diciendo era cierto, pero poseia muchos visos de realidad. Era un personaje tan popular y mimado, que su falta seria echada de menos y si todo el aparato gubernamental se ponia en movimiento contra ellos, las amenazas de Jim no eran infundadas. Pero Vera no queriendo dar a conocer sus temores a su enemigo, repuso friamente: —Olvida usted que hay quién por ver ciego a su contrario es capaz de perder un ojo? No somos tontos para no saber movernos y usted puede dar fe de ello. Usted morira y cuando quieran actuar contra nosotros, que averigtien dénde estamos. —Bien; eso el tiempo lo dira. :Debo ponerme ya a bien con Dios o aun tengo algunas horas de vida? —Me temo que si —dijo ella rabiosa— su vida es poco para nosotros. Antes tendra usted que hacer ciertas restituciones. —Sospecho que asi atado, no me sera facil. —Fso ya lo discutira usted con quien tiene poder para ello. —jAh, si; con su adorado tormento! No es tonto; no sdélo ha sabido captarse su amor que es tanto como apropiarse de los millones de su difunto padre, sino que ha heredado el mando. Usted sdlo es su esclava sumisa por partida doble. Vera flagelada en su orgullo, se revolvié gritando: —jDe eso ya hablaremos! Le advirtieron a usted que le reservaban algunas sorpresas y una va a ser la de mostrarle que es usted tonto... Capitan Texas, le esperan a usted muchas horas de prueba. Y sin querer tratar mas con él desapareci6é de la estancia donde qued6 de vigilante el rufian que velaba junto a la puerta. Texas se qued6 ponderando las palabras de Vera. La temia demasiado aunque trataba de ocultarlo, para no tomar en consideraci6n sus amenazas, pero por mas que hacia trabajar su cConniclooolks C@©