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Pulp Fiction, 1940 · page 31 of 102

Aventuras de Jim: Texas — page 31: what you’re looking at

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Aventuras de Jim: Texas — page 31: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Bueno. Alla usted. Pero puedo darle el nombre de la infeliz que como usted, crey6 en él. Se llama Daphne Rutherford. No le digo donde habita, por si a la amargura de haberse visto arruinada y vejada por él, tiene que anadir el sufrir alguna humillaci6n de su parte. Vera rabiosa al comprender que hablaba en serio, rugi6: —jMiente usted! j|Es un miserable embustero! —Si asi lo cree... nada, pero, si, duda, haga alguna gestion. Preguntele por Daphne a ver qué cara pone. Es un santo el pobre y a lo mejor, asegura que no conoce a esa desgraciada. Vera estaba sintiendo un horrible dolor en el pecho al oir las ironias de Texas. Adivinaba que éste le estaba diciendo la verdad y aunque no amaba ni podia amar a Zenker, sentia ahora contra él un odio mas reconcentrado, pues su orgullo no admitia, verse tratada en semejante plano. Sabia a Zenker un malvado, pero habia sentido compasion de él al creerle sinceramente enamorado de ella, pero ahora al creerle un comediante capaz de juzgarla como a una cualquiera de las muchas que se habian cruzado en su camino, su repulsi6n hacia el astuto y ambicioso. secretario crecia enormemente. Rehaciéndose, exclamo: —FEsta usted muy enterado de los secretos amorosos de Zenker. —Si; él me facilit6 una bonita informacién. Si le entregase a usted como regalo de boda el paquete de cartas que descubri en su hotel, se moria usted de felicidad el dia del enlace. Ella mostrandose fuerte, grit6: —No lo necesito, ni tendra usted ocasiOn de ello. Jamas me casaré con Zenker, pero si asi fuese... usted no seria un testigo de ello. —Lo supongo. La presencia de usted aqui es significativa. Ha venido usted a darme el tltimo adi6s. —Asi es, capitan Texas. Usted se lo ha buscado. —Bien, jqué le vamos a hacer? Me queda un consuelo. —Cual? —Fl de que ustedes seguiran no tardando mucho mi mismo camino. No me supondran ustedes tan tonto que en una lucha como esta, haya dejado de pensar en una contingencia semejante. No desdenaba el poder caer, pero he dejado todo listo para que sigan ustedes mi ruta. Se les olvida a ustedes que estoy protegido por los cConniclooolks C@©