Pulp Fiction, 1940 · page 24 of 102
Aventuras de Jim: Texas — page 24: what you’re looking at
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fieras para que piquen mas a gusto. Texas le escuchaba, pero sus ojos giraban astutamente alrededor. Estaba estudiando el lugar, la posici6n de cada hombre, su actitud, en espera de la mas minima ocasi6n aprovechable para intentar la huida y Zenker, adivinandolo, se dirigid a sus hombres que rodeaban al prisionero y ordeno: —Desarmarle... No os pongais delante de él para hacerlo. Dejarme que yo le vigile por si intenta algo. Los dos rufianes que tenia a derecha e izquierda, le arrebataron los revdlveres de un tir6n. Ya mas tranquilo, Zenker continu6: —Bien: ahora que estara menos preocupado libre de ese peso, hablaremos un poco. Tengo reservadas para usted varias sorpresas muy amargas, tan amargas, que alguna le demostrara que es usted tonto, aunque presuma de hombre excepcional. »Tenemos que tratar de muchas cosas, capitan. Usted nos ha destrozado la vida, nos ha puesto en situacién apurada, nos ha hecho perder mucho dinero y nos ha quitado cosas de gran valor. Todo eso tendra que devolverlo usted con creces y algunas cosas mas de las que hablaremos antes de la solucion final, la cual habra adivinado. Se ha escurrido de nuestras manos varias veces, pero esta no sucedera asi. Estamos en un lugar aislado, tengo hombres suficientes para su custodia, y el mar esta a dos pasos. Asi muri6é Nicholis y asi puede morir usted. Luego haciendo senas a sus hombres que esperaban impasibles sus Ordenes, dijo: —Colocarle esas preciosas esposas de acero que he traido. Las cuerdas no me merecen garantia de ninguna especie. Las manos aprisionarselas a la espalda. Es mas dificil poder hacer uso de ellas. Texas sintid como si le hubiesen aplicado hierros candentes al rostro al oir la orden. Jamas se habia visto ultrajado y denigrado de semejante manera y su orgullo de hombre bravo y militar invencible, no podia permitir semejante humillaci6n. Apret6é con rabia los dientes, tensionéd sus musculos como si fueran cuerdas de acero y espero. Cuando dos de sus guardianes enfundaron los _ revélveres, extrajeron de sus bolsillos las esposas y se acercaron a él, tratando de tomarle por los brazos, Texas, de una manera fulminante e inesperada, proyect6 sus formidables punos a derecha e izquierda y cConniclooolks C@©