Pulp Fiction, 1971 · page 7 of 76
Ballet Cósmico — page 7: what you’re looking at
A restored page from Pulp Fiction, 1971. Page through the whole issue in the reader above.
📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)
Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.
reproche, ni una censura. ;Para qué? ;Por qué? Eran arranques patéticos. Eran momentos de debilidad. El hombre era débil. Siempre lo habia sido. Ahora mas que nunca. Después, la luz se extinguid. O lo parecié. Dejé de ser visible al menos para ellos. La chispa remota se hizo sombra. La claridad se hizo tiniebla. La nave se perdi6 en el espacio y en el tiempo, en la distancia y en el infinito. Lentamente, muy lentamente, iniciaron el regreso a sus casas. Como fantasmas. Como espectros trémulos y vacilantes. Como simples sombras humanas, sobreviviendo por un prodigio inexplicable en el mundo silente, negro, carbonizado y tétrico. Regresaron a sus chozas rudimentarias, alla entre ruinas negras, pétreas, alucinantes. El silencio volvi6 a caer, a pesar. El silencio. Siempre el silencio... —Tengo sueno —dijo uno. —Y yo hambre —suspir6 otro. —Estoy cansado —coment6 éste. —Tengo miedo —concluy6 estremeciéndose aquél. Los demas se volvieron. El patriarca tembl6. Sus ojos brillaron con humedad de lagrimas cuajadas y luz de fiebre. Mujeres de pelo gris y lacio, de rostros ascéticos y tristes, giraron sus facciones enjutas y sumidas hacia el que se atreviera a pronunciar la palabra. Aquella palabra dolorosa, hiriente, temible, estremecedora... Miedo. —Miedo... —la voz del patriarca no tembl6, sin embargo. Era ahogada y profunda, era serena y acida a la vez. Era autoritaria y humilde a un mismo tiempo. Repiti6, entre dientes, irguiendo su noble, solemne figura de nuevo Moisés o de renovado Abraham—: Miedo... Y su mirada era como un reproche, su sonrisa como una queja, su gesto como un lamento nunca pronunciado. —Perd6n... —Aquél bajé la cabeza. Respir6 hondo—. No debi decirlo... —No. No debiste decirlo —sentencio el patriarca. Otro de aquellos silencios. Lento arrastrar de pies sobre la tierra negra, la ceniza y los brotes negruzcos, el suelo que una vez fue hierba y verdor, y fruto de la tierra. El suelo que ya no era nada ni nunca seria nada. El suelo maldito, aplastado y yermo como ellos mismos. —De todos modos, es cierto —dijo la voz de otro—. Tenemos miedo, senor. Era como un grito, como una protesta o un lamento. Una rebelién en suma. Pero el patriarca no se inmut6. Agito su canosa cabeza de. .