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Pulp Fiction, 1971 · page 57 of 76

Ballet Cósmico — page 57: what you’re looking at

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Ballet Cósmico — page 57: Pulp Fiction, 1971

A restored page from Pulp Fiction, 1971. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

niebla, enroscandose maligna en el aire de la nave, se limit6 a seguir adherida a él como algo viscoso, como un animal gaseoso, incapaz de despegarse ya de su presa. Dent6én se inclinéd, tambaleante, y sus manos trataron de hacer algo. Inutilmente, los dedos se hundieron entre la niebla, como tratando de amasar algo ingravido, que fluia de las manos, evasivo. Estaba jadeando, sentia miedo y su voz soné ahogada: —Frio... Tengo frio... —jadeé6—. Un frio terrible. Las piernas estan... como heladas... Y ese frio sube... Sube a mi cuerpo. Casi siento agujas... de hielo... en mi cerebro... Pareci6 enloquecido cuando estiré sus dedos nerviosamente en estéril lucha contra las espirales de niebla. Luego subi6 las manos a su cabeza entre volutas de niebla desgajada. Presiono sus sienes con un largo ronquido, con un murmullo espeluznante de miedo, de angustia, de dolor acaso... Después, inesperadamente, a la vista de todos, la niebla se volatiliz6. Sobre las botas del atavio de astronauta de Denton, se qued6 solamente una especie de humedad, un rocio purpura, goteando inofensivo. Y Denton, sudoroso, livido, con un estertor, se abatid. Cayd de bruces sobre el suelo aséptico de la nave... Todos se mantuvieron quietos, inmdviles, como sobrecogidos. Nadie atin6 a decir nada, hasta que sono la voz ahogada de Alpha, cuyas manos se crispaban, trémulas, contra los hombros y torso del capitan de aquel viaje alucinante. —Héctor... Esta... muerto, ;verdad? —musit6, estremecida. Héctor no dijo nada de momento. Se aproxim6 despacio al caido. Comprob6é que no habia mas rastro de niebla en el lugar en torno suyo. Se inclind sobre Dentén. Lo examin6o. Al incorporarse parecia perplejo. Se limit6 a murmurar moviendo la cabeza con aire dubitativo: —No lo entiendo, Alpha. Esta vivo. Simplemente, duerme. Eso es; duerme una apacible siesta... —Duerme, Héctor. ;Es que no lo entiendes? El alz6 la cabeza. Mird, pensativo, a Alpha. Chang estaba junto a ella, abstraido. —Entender, ;qué? —pregunt6, dejando de transcribir en el teclado grabador de a bordo, las tltimas impresiones a consignar en su magnetofénico diario—. No sé de qué hablas, Alpha. El doctor Barrow ha examinado ya a Denton. Su estado es normal. Nada le ocurri6é. Su temperatura y estado actual no inspiran cuidado. Eso lo. acl ra. todo... C@©