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Pulp Fiction, 1971 · page 36 of 76

Ballet Cósmico — page 36: what you’re looking at

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Ballet Cósmico — page 36: Pulp Fiction, 1971

A restored page from Pulp Fiction, 1971. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

No dijo mas. Alpha busc6 calor en Alexis. Ingrid en Ebano. Doc Barrow sacudié su cabeza canosa, contemplando la forma brunida, color aluminio plateado, inmdévil sobre el terso suelo oscuro que pisaban. — Qué ha ocurrido? —jadeé—. ;Ddénde estamos? Nadie le respondid. Nadie lo sabia. La misma pregunta flotaba en todas las mentes, y no habia respuesta alguna para aclararla. —Creo que hemos rebasado todas las barreras conocidas —dijo, despacio, Héctor, eligiendo con cuidado las palabras. —Eso qué quiere decir? —indag6, curioso, Perth. —Justamente lo que he dicho. Todas las barreras. Conocidas y desconocidas. —No es una aclaraci6n, senor —rechaz6 Coplan, irritado. —Yo no tengo aclaraci6n ninguna a lo que ocurre —objet6 Héctor —. Estoy tan desorientado como todos ustedes. Ninguno de nosotros es un superhombre para saber lo que ocurre. S6lo podemos utilizar nuestro mediocre cerebro para deducir algo. Y yo hice mis deducciones. —Me gustaria conocerlas, sefior —hablé calmoso Ebano, dando un paso adelante sin soltar a la platinada Ingrid. —No creo que les sirvan de nada a ninguno de ustedes —suspir6 Héctor, encogiéndose de hombros resignadamente—. Pero ahi van: yo sospecho que hemos ido tan velozmente, hemos progresado en nuestra marcha césmica a tan enorme ritmo, que en realidad, por un fendmeno que no he logrado entender, ibamos elevando al cuadrado nuestra velocidad progresivamente. Todos sabemos lo que sucede cuando se va elevando cada cifra a su potencia. Llega un momento en que la cifra obtenida es aterradora. De ese modo, rompimos todo freno fisico y mecanico, toda velocidad matematica, para saltar a... adonde ahora estamos. —Y que, segtin usted, seria... —Seria lo que todos estan imaginando ya —Heéctor les mir6 gravemente, uno por uno—. Mas alla del universo. En otro espacio, dimensién, materia 0 como quieran llamarlo. No sé d6énde sea, pero miren al cielo que nos rodea. Es negro. Sin astros ni luces. Sin galaxias ni mundos. En realidad, sospecho que aqui no hay nada... excepto nosotros trece. Hubo un silencio sepulcral. Ni aire, ni viento, ni ruidos, ni vegetaci6n, ni luz, ni seres. S6lo aquel resplandor inexplicable y remoto, que resaltaba su extrama desnudez en la llanura negra e infinita. —Nosotros trece... ante la nada —jadeéd Martin—. Ante la eternidad, senor... —Si —afirm6 Héctor, sobrio el tono, endurecido el sesto—, _ Mas. 0.