Pulp Fiction, 1971 · page 35 of 76
Ballet Cósmico — page 35: what you’re looking at
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habian pasado también a no ser nada. O casi nada... Quiza, quiza habian llegado a Dios. O muy cerca de EI... —Desnudo. jEstoy desnudo!... Héctor supo que estaba desnudo. Como lo estaba Nadia. Y Alpha. Y también Ingrid. Y como lo estaba Alexis. Y Perth. Y Maddox, y Dentén, y Coplan. Y Doc Barrow, y Martin. Y el oscuro cuerpo de Ebano. Y el aceitunado de Chang. Desnudos todos. Desnudos frente a si mismos. Miseros, tristes, extranamente asustados y como empequenecidos. Jamas la desnudez habia sido asi. No se experimentaba verguenza ni lascivia, ni deseos ni humillacion. Sdlo humildad. Solo la convicci6n de que la ausencia de ropas sobre sus cuerpos erguidos, sin frio ni calor, era una desnudez que iba mas alla de si mismos y de sus fisicos. Como si también sus mentes, sus almas, sus sentimientos, flotaran desnudos en aquella atmésfera amorfa, densa, oscura. Atmosfera o lo que fuese. Bajo sus pies descalzos, el suelo era terso, cristalino, frio y sin rugosidades. No parecia tener fin. Nada tenia fin alli. Como en el sueno surrealista de un pintor demente. Como en la escenografia delirante de un artista imaginativo. Negro el suelo, negro el vacio sobre sus cabezas, todo enlazaba en un horizonte invisible y rectilineo, donde extranos y como sicodélicos destellos de luz y color livido, de estructuras y de sinuosidades fugaces, hacian dibujos alucinantes, pronto borrados en la sombra eterna. —Dénde..., dénde estamos? —gimio tras él la voz de Nadia, estremecida de pavor. La sintid contra si. La rode6 con su brazo fuerte, nervudo. La desnudez temblorosa de Nadia no encerraba ningtn signo erético en si. Era como acoger a un pajarillo aterido, como defender una estatua de marmol de un imaginario peligro de desastre. Los demas, hacinados, formando un grupo amedrentado y triste, eran como un amasijo humano, palido y rosado, con la unica nota intensa de la piel oscura de Ebano o la aceitunada de Chang. Todos mirando a ninguna parte. Todos temiendo algo que no sabian lo que era. —La nave... —susurr6 roncamente Alexis—. Mire, comandante. Esta ahi... Héctor miré. Asinti6d despacio con la cabeza. —Si —dijo pensativo—. Esta ahi... : ConnicloOolkksS.c©