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Pulp Fiction, 1971 · page 30 of 76

Ballet Cósmico — page 30: what you’re looking at

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Ballet Cósmico — page 30: Pulp Fiction, 1971

A restored page from Pulp Fiction, 1971. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Ahora ellos trece implantaban su propia ley. Y era buena. Era la mejor de todas. Era la ley de la supervivencia, de la dignidad mutua, del respeto y de la honestidad para todos y para si mismos. Era la ley de la esperanza y del esfuerzo comtin por un manana prometedor y dificil. Era el olvido de todo lo que nunca debio de ser. Y entre esas cosas estaban conceptos horribles, oscuros, caducos y vergonzosos: politica, racismo, odio, guerras, temor, ambicio6n, codicia, intolerancia, crueldad, mala fe, morbosidad, violencia, crimen, dinero, placer, lujo, fraude, mentira, servilismo, sometimiento, tirania, milicia, armas bélicas, matanzas, uniformes, banderas, simbolos falsos, falta de fe, falta de amor y de caridad... Ebano pretendia olvidar ancestrales humillaciones y dolores; Chang, esclavitudes y desprecios cobardes; y asi todos. Yugos de siglos, cadenas de centurias. Todo lo que hizo del planeta Tierra lo que ahora seria: una esfera cenicienta y yerma, perdida en un sistema solar donde no habia otros seres inteligentes para sacar ensenanzas de ese caos. Si. Ingrid y Ebano estaban ya muy por encima de todos esos viejos conceptos criminales y ruines. Por encima de segregaciones e intolerancias. Como Martin, el latino de pueblos esclavizados por el oro extranjero y el poder de mas alla de sus fronteras. Como Alexis el eslavo, Unico superviviente de un pueblo amplio, que conocié una larga historia de guerras, de invasiones y de sangre. Como todos los elementos humanos, los pocos elementos vivos de la nave proyectada hacia alguna parte. O hacia ninguna parte... Alpha, morena de epidermis, sensual y ardiente, de larga melena negro-azul, contemplé a Ebano y a Ingrid, uno en brazos del otro. Suspir6, mirando a Alexis sus grises ojos inteligentes y vivos, muy de cerca. Sus manos se oprimieron en fuerte contacto. —Alex, mientras quede en nosotros algo de amor atin podemos salvarnos, gno crees? —Si —afirm6 él, despacio—. Lo creo. Confio en nuestro futuro, sea donde fuere. Confio en Héctor como jefe de nuestra nave. Confio, tal vez, en el Creador y en su obra. No puede sernos negado un resquicio de esperanza, Alpha. ,, —Nadia dijo que ya apenas somos nada. Y ella es matematica. Sabe lo que dice. La computadora le confirm6 su descubrimiento. —Nadia habla como una computadora mas —sonrié6 Alexis—. Es una gran chica, pero su mente es un encerado lleno de datos, cifras y calculos. Quiza tedricamente esté en lo cierto. Es posible que nadie nos vea, fuera de nosotros mismos. ¢Y qué? Eso no es tan malo. Yo diria incluso que es buena cosa. Si nos cruzamos con algun ser inteligente, con naves de civilizaciones césmicas en era nivel, de C@