Pulp Fiction, 1971 · page 29 of 76
Ballet Cósmico — page 29: what you’re looking at
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en marcha hacia alguna parte jamas imaginada, por encima de todas las velocidades hasta ahora concebidas por la mente humana. Eso somos, amigos mios. Y eso seguiremos siendo en tanto continte este viaje en la nada, hacia ninguna parte... Alpha y Alexis hablaban en voz baja, alla en el puente, ante la galeria visual al exterior intergalactico, que parecia no moverse, pero cuyo desplazamiento era constante en torno suyo, transformandose y alterandose sustancialmente a cada momento. Ingrid, la platinada Ingrid, alta, majestuosa, rubia y nérdica, como una hermosa valkiria escapada de una pagina wagneriana, se dejé acariciar sus blancas manos palidas por los fuertes dedos oscuros de Ebano. —A veces parece una tonteria tan grande... —sonri6O ella, pensativa. — Qué, Ingrid? —demando él, sonrientes también sus gruesos labios en el noble y joven rostro oscuro. —Eso de que, matematicamente, se nos tenga que considerar como inexistentes... —Ingrid movi6 la cabeza, y sus guedejas de plata hilada se agitaron suaves—. Yo noto el roce, el contacto de tus manos. Y tu notas la proximidad de mi cuerpo, no es cierto, Moisés? Moisés, mas conocido entre sus amigos por Ebano, asintié risuefio. Para probarselo a Ingrid, tal vez la oprimi6 contra si, y el cuerpo rubio y esbelto, de formas agresivas, se fundi6 en un abrazo con la musculosa naturaleza del muchacho de color. —Si, es cierto —afirmé él con simplicidad—. Nos sentimos mutuamente. Existimos, Ingrid, no hay duda. La matematica es ciencia. Nosotros somos seres vivos, tangibles. Nunca fue lo mismo lo puramente matematico que lo sélido y efectivo, digan ellos lo que digan. Se besaron. Tiempo atras, en el planeta Tierra, hubiera parecido casi un crimen, un atentado a las leyes, en muchas partes del desdichado mundo ya extinto, que un hombre de piel oscura y una mujer de palida epidermis se fundieran en un afecto carnal. Eso era entonces, cuando los hombres concedian importancia a cosas asi. Ahora ellos conocian la gran leccién. Eran solamente criaturas de una especie aniquilada. Criaturas de una orgullosa y soberbia fauna inteligente, que se crey6 mas, mucho mas de lo que nunca fue, hasta que su propia arrogancia y sus propios engendros los destruy6. Ingrid y Ebano sabian I bien cuan necio fue todo lo que el hombre dispuso I antes del fin. Ahora, después del fin, el pasado era borrén y cuenta nueva. El pasado no existia. No merecia la pena recordarlo_siquiera,. .