Pulp Fiction, 1971 · page 22 of 76
Ballet Cósmico — page 22: what you’re looking at
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aunque aparentemente siga inméovil. Estamos dirigiéndonos a velocidad creciente hacia Andr6meda. Yo diria que cuadruplicamos ya la velocidad misma de la luz... y esa supervelocidad se multiplica por si misma en progresion creciente, hasta limites de pura fantasia... —Pero todo eso, ¢por qué no lo acusan los instrumentos de a bordo? —casi grit6, exasperado, Perth—. ;Por qué? Hubo una pausa, un silencio profundo. Al final, palido pero sereno, dueno todavia de si y de sus bien templados nervios, Héctor, comandante de la nave, hombre en cuyas manos estaba, acaso, el destino de aquel punado de seres sobrecogidos por la grandiosidad suprema de las circunstancias, se expreso con lentitud, casi con fatiga O cansancio en su tono y en su voz: —Sefores, creo que todo tiene una explicacién tan sencilla como indescifrable para todos nosotros —dijo—. Hemos sobrepasado todas las fronteras de lo conocido. Algo ha sucedido, algo que no entiendo, pero que nos proyecta fuera de lo racional y de lo material. Estamos como presos en una increible trampa césmica que nos conduce a alguna parte remota del universo. Y aqui, donde ahora nos encontramos, sea ello lo que fuere..., nuestros limitados y pobres aparatos, orgullo de la ciencia humana, se estrellan, impotentes, incapaces de adaptarse y de traducir sus enormes consecuencias... Luego nadie dijo nada. Tal vez Héctor habia dado con la frase feliz y exacta que definia su situacion. Presos en una trampa césmica. Presos en un ambito sideral donde la velocidad superluminica era lo natural y lo admisible. . Presos de un fendmeno galactico inconcebible para la mente humana. Mas alla de todo lo conocido. Mas alla de todo lo previsto y ambicionado. Mas alla de cuanto el hombre son6 desde el principio del tiempo. Habian roto las barreras. Todas las barreras. A partir de alli, su destino era un enigma, su trayectoria una incdgnita, su singladura una fabula inconmensurable. Un delirio. Una locura. Un imposible. Y lo peor es que no sabian siquiera cOmo detenerlo. O cémo afrontarlo. — Qué va a ser de nosotros, carino? —No lo sé. No sé nada de nada, mi vida... Se besaron. Buscaron calor mutuo, cobijo comutn en sus brazos. Uno contra el otro, boca con boca. Sus ojos se buscaron. Incluso se encontraron, acongojados y trémulos. Temblaron, estremecidos. —Tengo miedo, Héctor. ConnicloOolkksS.c©