Pulp Fiction, 1971 · page 21 of 76
Ballet Cósmico — page 21: what you’re looking at
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sentirnos como siempre hemos sido. Y eso es, supongo, porque todo se mueve a igual velocidad, y ello nos impide advertir a qué velocidad nos desplazamos por el universo. —Es una teoria muy razonable —admiti6d Maddox—. Pero el universo exterior, visible por nuestros televisores, si debe moverse, alejandose de nosotros a velocidad fabulosa. Y sin embargo, no lo advertimos tampoco. —La expansion constante del universo no explicaria ese fendmeno, comandante —convino gravemente Nadia, clavando sus ojos grises en Héctor—. ;Qué puede ser en suma? —No lo sé —confes6 el comandante, encogiéndose de hombros—. Es el punto mas ins6dlito de todo este misterio. Estoy conforme en que en el espacio todo cuerpo en movimiento parece estar inmovil al carecer de puntos de referencia. Pero cuando se sobrepasa la velocidad de la luz y se recorren millones de kil6metros por hora, admito que tendria que advertirse movimiento, distancia constante en los astros, galaxias y demas cuerpos celestes que vamos dejando atras, o aquellos que vemos ante nosotros a distancias inconmensurables. Pero no sucede eso. Y no tengo respuesta para ello. —Yo la he buscado —coment6 el experto en cibernética, Perth, ingeniero electrénico de profesi6n—. No di con ella. Los sistemas de televisi6n en circuito cerrado funcionan normalmente, los objetivos exteriores no sufren ninguna alteraci6én, y todo marcha normal en apariencia dentro de esta nave e incluso en su fuselaje exterior. Sé que no es ello posible, pero los datos técnicos que poseo asi lo confirman, senores. De modo que la imagen televisada que tenemos ante nosotros es real y fiel. —También lo es la carta celeste y nuestra referencia en el tablero —senal6 Maddox al punto luminoso, moviéndose a_ velocidad escalofriante en el enjambre de mundos luminiscentes, entre millares de coordenadas y de cuadrantes que formaban una tupida telarana sobre el tablero de luz—. Y vean cOmo nos movemos a velocidades inauditas... Era cierto. Héctor manipul6 unos botones de sus controles en la presidencia de la amplia, lustrosa, reluciente mesa oval. En unas pantallas receptoras de televisi6n apareci6 el firmamento en diversos encuadres, segtin los objetivos de televisi6n que los captaban. —Vean —la mano de Héctor senal6o las diversas parcelas césmicas, visibles a todos ellos, aparentemente inmdviles—. Sin embargo, en esas vistas parciales del cosmos, podemos advertir que, en sdlo una hora, nuestra situacion ha cambiado decisivamente. —Es aterrador —jadeé Chang, enjugando la transpiraci6n de su rostro aceitunado, de rasgos orientales—. Nos movemos a velocidades imposibles para cualquier materia... Todo se altera en_breve tiem DO <S,COmM