Pulp Fiction, 1971 · page 18 of 76
Ballet Cósmico — page 18: what you’re looking at
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CAPITULO III jHacia Andrémeda! Era exactamente la ruta. Acababan de_ confirmarlo los instrumentos mas precisos de a bordo. La carta celeste luminosa, habia aparecido en la pantalla gigante de situacién, senalando el puntito luminiscente en movimiento que era ahora su nave. Andromeda. Una galaxia a dos millones de anos-luz del sistema solar de donde ellos trece procedian... Se miraron en silencio. La camara de reuniones se utilizaba por vez primera. La mesa oval reunia en su tomo a los trece astronautas, a los trece supervivientes de algo que se llam6 Humanidad. Los sistemas automaticos de a bordo funcionaban normalmente. Todo funcionaba bien en apariencia. Sdlo en apariencia, claro. Lo que la nave nunca podria hacer era viajar a mas velocidad que la luz. Nada podia superar esa velocidad. Era fisicamente imposible. Una carga de energia infinita era algo fuera de las _ posibilidades limitadisimas de los humanos. Una distensi6n infinita de la forma y de la materia, no entraba en cabeza humana alguna. Es mas, la nave seguia su ruta normal. Lo decian los computadores de a bordo, el delicado y minucioso instrumental. Pero algo iba mal. Algo estaba equivocado. Por eso Galaxy habia despertado a los cosmonautas. Era imposible. Galaxy sabia que era imposible, porque los datos no coincidian con sus _ archivos electrénicos, y habia hecho lo tnico que un computador podia hacer: despertar a las criaturas que lo confeccionaron, con la esperanza de que ellos resolvieran sus problemas alli donde su programaci6n era incapaz de hacerlo. Lo malo es que el problema seguia siendo el mismo. Ellos tampoco podian hacer nada. Nada de nada, excepto hablar, cambiar impresiones, tratar de ver claro, de explicarse el fendmeno de alguna manera. Sdlo eso. La presidencia de la reuni6n estaba formada por el comandante Héctor y sus dos lugartenientes con cargo de suboficiales a bordo: Alexis y Chang. El ruso y el oriental parecian tan perplejos como él. Lo mismo que las tres mujeres, Mari6n, Alpha y la platinada Ingrid. Lo mismo que los otros siete hombres, Doc Barrow, médico y cirujano de a bordo, Perth, Maddox, Dentén, Martin, Ebano y Coplan. Eran trece personas en busca de una verdad. De una verdad imposible. —Imposible, si —fue el primero en hablar Doc Bar¢oyin io sermtxerco im _