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Pulp Fiction, 1971 · page 17 of 76

Ballet Cósmico — page 17: what you’re looking at

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Ballet Cósmico — page 17: Pulp Fiction, 1971

A restored page from Pulp Fiction, 1971. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—De modo que ahora, siguiendo a un mismo ritmo de marcha, tendriamos que estar en un punto situado, aproximadamente, a cinco veces la distancia de Plutén a la Tierra, con respecto a los limites de nuestro sistema solar —senal6 Héctor, pensativo—. Esto es, treinta mil millones de kil6metros en cifras redondas. —Mas o menos —sonri6é Nadia, como divertida por los calculos a grosso modo de su jefe y comandante—. Lo cierto, Héctor, es que en esa pantalla la imagen que se ve de nuestro sistema solar, dista mucho de ser la que deberia de verse desde un punto situado a esa distancia. Héctor no contest6. Estaba pulsando teclas para obtener informacion del computador de a bordo. Entretanto, Alexis se habia aproximado, con aire excitado, a la gran pantalla visual, y contemplaba todo aquello, como intrigado. Especial atencién le merecia la nebulosa luminiscente, la vaporosa nube de bDrillo blancuzco, lechoso, que formaba el fondo de la imagen sideral en el televisor externo. Luego, de repente, lanz6 la revelacién asombrosa: —Esperad —jadeé—. Eso... eso no es nuestro sistema solar. Los demas le miraron con sorpresa. Héctor ni siquiera se volvi6é para hacerlo. Ni hizo comentario alguno, salvo una afirmaci6n con voz ronca, fija su vista en la pantallita de informacion electrénica: —Alexis tiene razon. No es nuestro sistema solar, sino toda nuestra galaxia. Y aquella doble mancha a la derecha, son las nubes de Magallanes. Vean esto... Hubo exclamaciones de estupor, voces vivas y excitadas. Todos los rostros se inclinaron sobre la pantalla informadora. Leyeron los frios datos del computador, como si hubieran recibido un mazazo demoledor e insdlito: «Aunque los datos de velocidad y coordinaci6n son normales, sucede algo errdéneo. «Estamos a cuatrocientos mil anos-luz del sistema solar. Y avanzamos a velocidades superluminicas, no detectadas por los sistemas de control y regulaci6n de ruta hacia la nebulosa M-31.» —En suma, amigos mios... —jadeé Héctor, muy palido—. Estamos siguiendo viaje hacia Andr6émeda, a dos millones de anos-luz de la Tierra... y parece que pronto vamos a llegar, aunque eso sea cientifica, material e incluso hipotéticamente imposible. ConnicloOolkksS.c©