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Pulp Fiction, 1971 · page 14 of 76

Ballet Cósmico — page 14: what you’re looking at

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Ballet Cósmico — page 14: Pulp Fiction, 1971

A restored page from Pulp Fiction, 1971. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Galaxy acus6 el fallo. Fn seguida. Inmediatamente de producirse. Galaxy estaba programado minuciosamente, y su tarea era compleja y variada. Desde controlar la nave, dirigirla, conservar la atmoésfera, gravitaci6n y temperatura interiores, hasta mantener el perfecto sistema hermético de las trece capsulas que acogian a otros tantos cosmonautas a bordo, pasando por aquella especial y delicada labor de acusar cualquier fallo, cualquier imprevisto. Por eso Galaxy cumpli6 su mision. En el acto. Su sistema de emergencia funcioné con matematica precision. Una voz electrénica de alarma, moviliz6 sus recursos programados. Pero ninguno de éstos era valido para aquella situaciOn. No se trataba de enmendar el rumbo, de disminuir 0 aumentar la velocidad, de resolver una averia mecanica o de enmendar un fallo humano que pusiera en peligro la suerte de la nave. No. Era mas que eso. Mucho mas. Era diferente a eso. Muy diferente. Galaxy, ddécilmente, apel6 a sus programadores especiales de suprema urgencia. Y descubri6d que la unica posibilidad estaba alli archivada, en su poderoso y amplio cerebro electrénico. Con la fria serenidad de la maquina, ley6 esa posibilidad, perdida entre millones de reacciones y procedimientos registrados en sus archivos de programacion: «Despertar a los cosmonautas» «Despertar a los cosmonautas». Era la unica salida. Galaxy no pensaba. A una maquina, por perfecta que fuese, no le estaba permitido pensar por si misma. La programaci6n cibernética no llegaba a tanto. De modo que no dud ni se pregunt6 si aquello era prudente o no. Sencillamente, lo hizo. Y para hacerlo era preciso reactivar el calor natural en las capsulas individuales de hibernaci6n. Era necesario inyectar aire respirable normal en ellas, y hacer funcionar de nuevo el tiempo para los trece seres de a bordo. Eso... o dejar que la nave fuera al desastre. Galaxy no sintiéd remordimientos por interrumpir un sueno que podia ser de siglos. Un computador no tiene sentimientos tampoco. Sdélo circuitos, cables, mecanismos complejos y diversos. Sin otro cerebro que el creado por el hombre. Sin corazén ni sensibilidad. Su programacion paso6 automaticamente a los sistemas de accion sobre el personal de a bordo. Sensibles ondas magnéticas activaron nuevamente los cerebros dormidos. Los cuerpos humanos; yolvieron. .