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Pulp Fiction, 1940 · page 76 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 76: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 76: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

evaporar sus ansias de venganza. —Bien, jefe —dijo Jack cuando le consideréd completamente inofensivo—. Es usted el hombre mas generoso y agradecido del mundo. Cuando un hombre le sirve con lealtad, como premio le administra usted dos onzas de plomo por la espalda. Zenker, falsamente compungido, clam6o: —jOh, Jack! Tiene usted raz6n de estar terriblemente ofendido conmigo; me he portado como jamas hubiese sospechado hacerlo; pero tengo una disculpa: estaba completamente loco en aquel momento; me veia cogido, y usted no se dio cuenta de que no podiamos salvarnos todos en aquel caballo. Usted debié buscar otro medio de escape, y no condenarnos a todos a la muerte. —Claro; era preferible que quedase yo, para hacer reir un poco a sus amigos viéndome bailar de la copa de un Arbol. —No; contra usted no tenian nada; solo era contra mi. —Naturalmente. Yo estaba alli de visita, ;no es asi? —Bueno, Jack, no discutamos; no pretendo glorificar mi accion... Ya le digo que estaba loco. Usted no sabe lo que después he estado lamentando el hecho. —Ya veo que se ha puesto de luto por mi. —No sea irénico, Jack. Le juro que, en medio de todo, me he alegrado infinito descubrir que se ha salvado. —Si, era muy facil, con el enemigo encima y un bonito tiro en la espalda. Alli le hubiese querido ver a usted, a ver qué hacia. —No lo sé; quiza me hubiesen cazado. —Claro; hacia falta coraz6n para arrojarse a la torrentera manando sangre y sin saber lo que le esperaba a uno abajo. Fué algo encantador. —Bien, lo reconozco. Es usted un hombre de recursos, y lo senti, porque me hubiese sido muy ttil. Aun ahora, si acepta mis excusas, podemos llegar a un acuerdo. Yo sé reconocer mis errores y compensar a la gente c6mo merece. — Si? ¢Cuantas onzas de plomo voy a ganarme ahora? —Ninguna, Jack, se lo aseguro. Al contrario; va a ganar usted muchos miles de délares. Usted sabe que puedo darselos. —Yo sé muchas cosas. Usted paga muy bien. Aqui nos escucha quien ha estado a punto, de ser recompensado como yo. —Lo dice por este viejo imbécil? Tenga en cuenta que, si me ha cConniclooolks C@©