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Pulp Fiction, 1940 · page 74 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 74: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 74: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

abrio la puerta, diciendo: —Haga el favor de ayudarme a trasladar aqui a las dos prisioneras. Hemos llegado, y, en cuanto acabemos, podra usted volverse al llano con, su carro. Habia algo de irénico en la voz de Zenker al hacer esta afirmacioén, que alarm6 al dentista. No conocia bien a aquel tipo, pero estaba sospechando que era muy capaz de deshacerse de él por temor a que le denunciase. Temiéndolo, se adelant6é al carro y tomoé en brazos a Vera para trasladarla a la cabana. La muchacha, angustiada, murmur6 en su oido: —jPor Dios! ;Por qué no intent6 algo contra él? —Porque es un demonio que vive en continua alerta. Tenga en cuenta que soy un hombre viejo y que no podria luchar con él si fallase el primer golpe. —Pero ¢no comprende que no le dejara salir de aqui? Teme que pueda denunciarle. —Lo he sospechado y voy a tomar mis precauciones. Antes de que me elimine esttpidamente, trataré de hacerlo yo. La dej6 depositada sobre una de las yacijas y sali6 al exterior cuando Zenker entraba con Stella. El dentista quiso salir, pero él le cort6 la salida diciendo: Tome, octipese de ésta también. El barbudo vacil6 un momento, pero, no viendo clara la situaci6n, tom6 a Stella y la dej6 junto a Vera. Pero antes de salir empuno el arma. Sospechaba que Zenker le estaria esperando fuera para disparar sobre él, y adivinaba que la salida podria ser tragica. Decidio no salir. Que fuese Zenker quien penetrase a buscarle, y, apenas asomase, le dispararia un tiro a boca de jarro antes de darle tiempo a hacer lo propio. El dentista habia adivinado las siniestras intenciones de aquel ser rastrero. Ya no necesitaba el carruaje y a su dueno, pero temia que al regresar éste pudiese tropezar con sus perseguidores y darles datos que fuesen su ruina. Extrajo el revélver, se colocé frente a la puerta y llamo: —jEh, amigo, dese prisa! Venga, que tiene que ayudarme atin un poco. cConniclooolks C@©