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Pulp Fiction, 1940 · page 73 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 73: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 73: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

dia anterior y tiraron con mas animo del carricoche pero su andar era lento y perezoso, lo que les oblig6 a perder un tiempo que, para él era oro, pues sabia que sus enemigos, con buenos caballos, podian alcanzarle en cuanto localizasen su pista. Confiaba en que no se les ocurriese sospechar del carromato del dentista. Aquél habia sido un truco genial, y posiblemente estuviesen corriendo detras del caballo de Wolff, o buscandole por los poblados inmediatos. Le costaba trabajo encontrar el buen camino para llegar al lugar anhelado. El carromato era una impedimenta para buscar atajos que facilitasen el avance, y todo se convertia en rodeos desesperantes que alargaban el camino, hasta el punto de que atin se vio obligado a hacer una nueva parada al llegar la noche sin alcanzar el refugio. Habia dejado atras el lugar donde fue apresado por la cuadrilla de Wolff, pero atin le quedaba un trozo de camino dificil y peligroso para llegar a la cabana. Habia dormitado a ratos dentro del carruaje. Las muchachas, bien atadas, no constituian peligro para él, y el dentista, obligado a dirigir el vehiculo, no podia sorprenderle, porque, si detenia el carro, la falta del terrible vaivén le hubiese despertado. Por ello tampoco aquella noche durmi6, haciendo la guardia, y todas las ilusiones de las prisioneras se vieron fallidas. Por fin, a la salida del sol, emprendieron el ultimo trozo del camino, ascendiendo por una aspera pendiente que conducia a la pequena explanada donde habia construido su refugio. No se podia subir facilmente a ella mas que por la estrecha senda, y desde lo alto, amparandose en los salientes roquizos, se podia batir la subida con holgura. Cuando estaban a punto de alcanzar el rellano, Zenker dio orden de que el carruaje se detuviese, y avanz6 con toda clase de precauciones. Temia ser victima de una sorpresa, y no estaba dispuesto a meterse estipidamente en la boca del lobo. Claro que aquel escondite sdlo lo conocia él, pues Jack, que le habia ayudado a prepararlo, habia desaparecido para siempre. Tranquilo al observar que la tranca de la puerta estaba echada y que no habia senal alguna de visita, retrocedid y dio orden de ascender. El vehiculo, en un ultimo esfuerzo, alcanz6 la planicie, y Zenker cConniclooolks C@©