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Pulp Fiction, 1940 · page 7 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 7: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 7: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

vera, el terreno no se presta a seguir galopando de noche. Creo que ya nos hemos ganado un descanso, y que ahora es muy dificil que encuentren nuestra pista. —No es facil, pero..., en fin, creo que tienes raz6n; vamos a buscar un sitio donde pasar la noche, y manana alcanzaremos el lugar ya preparado. Creo que este par de tdrtolas no tardaran en volver en si. Zenker se aped, echando un vistazo al lugar. Aunque las sombras empezaban a borrarle, se dio cuenta de que estaban en un estrecho canén rodeado de altos taludes y de que todo el paisaje a su alrededor no era mas que un conglomerado de penascales agrios que parecian querer aplastarles. Jack, saltando por entre piedras que obstruian el paso, troncos de arboles abatidos por las tempestades y hoyos profundos, se introdujo por unas fisuras de uno de los farallones y, por fin, se detuvo. Habia descubierto un pequeno descampado tapizado de seca hierba y rodeado de una pared rocosa que podia albergarles sin temor a ser descubiertos y sin que fuese precisa una vigilancia extremada para guardar a las muchachas. Regres6 junto a Zenker, dandole cuenta del descubrimiento, y el ex secretario dijo: —Bien; vamos a llevar alli a las j6venes. ;Cabe el calesin? —No; la entrada es muy estrecha. —Pues luego le buscas un lugar donde esconderlo y te unes a mi. Baja las maletas que van atadas al carruaje. Hay que quitarle a la recién casada esas galas tan escandalosas y comer algo. Por suerte, tuve la previsi6n de preparar viveres y un traje mas sencillo para ella. El bandido obedeci6 y transport6 dos maletas al escondite; luego ayudo a Zenker a introducir los cuerpos de Stella y Vera. Dejandole solo con ellas, volvid al sendero del canén y con precaucié6n hizo avanzar el carruaje hasta otro lugar mas holgado, donde pudo introducir el carruaje. Borrada toda huella, regres6 junto a las prisioneras, y por orden de Zenker se dedicé a preparar algo de cena, mientras él, en previsiOn, amarraba a sus victimas. Jack encontro en una de las maletas una pequena sartén, tocino, café, conservas y harina, y, acostumbrado a la vida ndmada de los cConniclooolks C@©