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Pulp Fiction, 1940 · page 6 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 6: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 6: Pulp Fiction, 1940

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buen numero de horas por un terreno infame, buscado adrede para despistar en lo posible la feroz persecucién que debia iniciarse, y Zenker, a pesar de esta manifiesta ventaja, no se encontraba muy tranquilo. Conocia la tenacidad de su terrible rival y sabia que en esta ocasidn se excederia en poner a prueba su sagacidad y resistencia fisica para localizarle. Pero también él esta vez habia tomado sus precauciones con calma y cuidado exquisito. Habia contado con muchos dias de antelaci6n para trazar sus planes y cuidar los detalles, y estaba casi seguro de que por fin la victoria iba a ser plenamente suya. Confiaba en que la velocidad de los caballos que arrastraban el calesin de los ocho pistoleros haria cabalgar furiosamente muchas horas a Texas siguiendo aquella pista falsa, y después, cuando se convenciese de que habia sido enganado y tratase de rectificar, habrian transcurrido tantas horas, que le seria imposible localizar las verdaderas huellas para alcanzarles. Se encontraba en una parte de la regién donde el terreno montanoso cubria la mayor extension, y sabria sacar partido de él para, al final, detenerse donde todo lo tenia bien preparado para esconder a sus dos infelices victimas. Después... ya veria qué decisi6n tomaba con ellas. Tenia que estudiar su suerte, aunque la de Vera estaba ya decidida. Su traicion, el abandono en que le habia dejado, la humillacién que le habia inferido posponiendo su amor al de Texas, sdlo merecian como castigo la muerte, y se la aplicaria sin remordimiento de ninguna especie. En cuanto a Stella... Una llamarada feroz brill6 en sus ojos al contemplarla tan bella, a pesar de su estado. El mayor insulto que podia inferir a su terrible enemigo, la mas cruel punalada moral que podia aplicarle, era ultrajarla sin remordimiento alguno y luego dejarsela abandonada, haciendo su amor imposible, esto si no se la cedia a algun pistolero de la cuadrilla de Jack como mas refinado ultraje. Estaba ya anocheciendo, cuando Jack, que debia tener los huesos molidos de aquella infernal carrera, detuvo el vehiculo. — Qué sucede? —pregunt6 Zenker, asomando la cabeza por la ventanilla. —Nada, si no es que yo no soy de acero. Estoy molido, y, como cConniclooolks C@©