Pulp Fiction, 1940 · page 66 of 104
Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 66: what you’re looking at
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habian llevado hasta aquel lugar, y alcanz6 el refugio que ellos buscaran para su descanso. Desde alli estaba seguro de encontrar el sendero tortuoso y disimulado que conducia a unos _ altos penascales, entre los que estaba la cabana destinada a prisi6on. Fué una jornada agotadora que crey6 no poder cubrir aquel dia, pero al anochecer, usando de toda su voluntad y energia, habia conseguido llegar a lo alto de la senda. Con feroz alegria descubrié la tosca cabana. Era un rectangulo mas largo que ancho, construido sdlidamente con troncos de arbol. Poseia una puerta recia que se cerraba por fuera con una gruesa tranca y mostraba dos estrechos respiraderos a modo de ventanas, por los que nadie seria capaz de filtrarse, por muy delgado que fuese. Jack empun6é el revédlver y avanz6 con toda clase de precauciones. No se oia el mas leve rumor. Parecia un lugar desierto y abandonado, pero Jack no podia fiarse tratandose de Zenker. Dio un rodeo para no aparecer de frente, y, cruzando, alcanz6 la cerrada puerta. Se tranquiliz6 al observar que la tranca que cerraba por fuera estaba echada. Esto indicaba que, si habia alguien dentro, sdlo podian ser las prisioneras, pues el secretario estaria fuera. Volviendo la vista atras para no ser sorprendido, levant6 la madera y abri6 con precaucié6n. La luz del atardecer se filtraba por los pequenos respiraderos, iluminando débilmente el interior, pero un rapido vistazo le bast6 para comprobar que estaba vacia. La registr6 rapidamente. Habia dos yacijas destinadas a lecho, un saco con provisiones y algunos Utiles de cocina. Zenker habia tomado toda clase de precauciones por si se veia obligado a permanecer alli cierto tiempo. Dej6 el odre y el saco que porteaba y volvio a salir, registrando los accidentes del cercano terreno, pero no descubri6 huella alguna del paso de Zenker. Este no debia haber tenido tiempo de llegar a su escondite 0 quiza se vio privado de hacerlo. Jack se qued6, dudando. No tenia seguridad alguna de que su antiguo jefe pudiese llegar al refugio, pero tampoco podia afirmar que no llegase mas tarde. Corria un albur quedandose o marchando de nuevo, pero, después de meditarlo bien, opt6 por quedarse, al menos durante algun tiempo. Se encontraba herido, mermado de facultades y cansado de las terribles jornadas sufridas. Le convenia cConniclooolks C@©