Pulp Fiction, 1940 · page 65 of 104
Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 65: what you’re looking at
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canones profundos, simas mareantes, picachos enhiestos, senderos de cabras, ondulaciones bruscas y algunos macizos de reseca verdura. Al sol reverberaban algunos manantiales que se desprendian de las rocas perdiéndose por la fragosidad del terreno, pero todo le era desconocido y no le servia para orientarse rapidamente. Durante un momento trat6 de intentarlo siguiendo el curso de la torrentera. Cierto que ésta solo surgia a su vista desde el lugar donde las orillas se aplanaban, pero el profundo corte por donde discurria desde su nacimiento se destacaba brioso como una espina abierta en el paisaje y decidié seguirlo todo lo cerca que le fuese posible. Si lo conseguia, llegaria a la explanada donde habia estado a punto de morir despenado y desde alli, estaba seguro de encontrar el escondido lugar donde Zenker habia hecho construir la cabana de troncos para encerrar a sus prisioneras. Descendié del picacho y animosamente reemprendi6 la marcha, siempre tratando de no perder de vista las cresterias que encerraban la torrentera, Mientras lo lograse, estaba seguro de acercarse al terreno deseado. Ascendiendo y descendiendo de monticulos que le servian de observatorio, consiguid no perder de vista el oculto cauce de la catarata, y por fin lleg6é al lugar donde ésta nacia. Se enfrenté con ella de costado. La explanada debia estar a su derecha, y tendria que bordear una sima y ganar varios desniveles para alcanzarla. Sélo por curiosidad, pues no era aquello lo que buscaba, Ilegé hasta ella. Se encontraba agotado del esfuerzo, pero satisfecho de hallarse bien orientado. Cuando recorrid el pequeno claro, sdlo leves rastros de la estancia del bandido pudo descubrir. Sin embargo, algo sacé de ellos. En un rincén descubri6 un saco con algunas conservas y un odre abandonado, hallazgo que le alegré, pues le aseguraba el camino. También, descubri6, ya resecas, las manchas de la sangre que habia vertido al ser herido a traici6n. Su vista le hizo rugir de ira, y prometi6, desangrar a su enemigo gota a gota, hasta dejarle vacias las venas. Cargando con el odre y las conservas, buscé el sendero que cConniclooolks C@©