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Pulp Fiction, 1940 · page 64 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 64: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 64: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

desmontar el revélver, secarle y limpiarle, poner las capsulas al sol para que la pdélvora se secase y probar mas tarde a ver si podia hacer uso del arma. También conservaba su pipa, tabaco y el yesquero, pero la mecha mojada no servia de momento para su usa. Poseia unas ganas locas de fumar y con paciencia, frotando los pedernales, junt6 un monton de hojas y ramitas resecas y consiguid encender un pequeno fuego que se cuid6 de alimentar continuamente. Una gran piedra plana en el centro de la hoguera, se calent6é terriblemente y sobre ella, extendidé el tabaco hasta secarlo, lo que le permiti6 llenar la pipa y luego acuciado por el hambre, busc6é algo que calmase el dolor de su vacio est6mago. Solamente encontré unos zarzales resecos. Las moreras estaban casi agotadas, pero el hambre que sentia era tan cruel, que las devoro con fruicién encontrandolas como un manjar exquisito. Cuando termino aquella operacién, se tumb6 boca abajo sobre la hierba, exponiendo la herida a los rayos del sol. Sabia que éste era un gran medicamento natural para la cicatrizaci6n y necesitaba encontrarse dispuesto para moverse con relativa facilidad lo antes posible. Al llegar la noche, y con ella el relente, se vistid, atiz6 la hoguera anadiéndola gruesas ramas y a altas horas de la noche se quedo dormido. Le despert6 el agudo frio de la manana. La hoguera se habia consumido y él aire fresco de las sierras laceraba como un cuchillo. Se sintid mas animado. La herida le molestaba, pero no le impedia moverse con cierto desahogo y una sonrisa cruel ilumin6é sus duros labios. Tenia que buscar a Zenker, le buscaria aunque fuese en el fondo de un abismo y se cobraria con creces la mala faena que le habia jugado. Requis6 nuevamente el zarzal, consumi6 cuanto le fue posible y mas reanimado bebi6 agua de la torrentera y emprendio el camino al azar. Busc6 un monticulo que no fuese muy aspero de escalar, pues sus fuerzas eran relativas y cuando a costa de un gran esfuerzo consiguié hallarse en la cumbre, examin6o con ansia el paisaje. Este no le dijo nada a la vista. Por doquier sdlo se distinguian cConniclooolks C@©