Pulp Fiction, 1940 · page 54 of 104
Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 54: what you’re looking at
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dentro. El interior era algo desordenado, donde se mezclaba una yacija, utensilios de cocinar, ropas tiradas por el piso y un caj6n con los utiles de su oficio. Zenker, nervioso, deposit6 a las muchachas en la yacija y volvié la vista al monte. No aparecian en sus laderas los jinetes de Texas y una loca esperanza se apoder6 de él. En medio del asombro del sacamuelas, azot6 cruelmente al caballo con una vara de hierro que encontré en el carro, y el animal, dolorido, lanz6 un relincho y emprendi6d un galope fantastico por delante de ellos, perdiéndose en el polvo de la senda. — Qué diablos hace usted? —pregunt6 el barbudo al observar la maniobra. Zenker, indicandole el asiento, ordeno: —Escuche, voy a meterme ahi dentro y usted va a seguir adelante. Me persiguen y tengo que burlar la persecucion. Si lo logro, cuando abandone el carro le pagaré mas que puede ganar en un ano sacando muchas muelas a diario, pero si me hace traicién y da a entender que me he refugiado en el carro, antes de que nadie pueda intentar nada contra mi, le clavaré cinco balas en los rinones y no vera usted el final de la aventura. Monte y no pierda el tiempo. Si le alcanzan y preguntan si me ha visto pasar, diga que si, que he pasado a todo galope a caballo por delante, y cuando ellos sigan, yo le diré lo qué tiene que hacer. El dentista ambulante, rabioso, no tuvo mas remedio que someterse. Comprendia que la amenaza no era vana y no queria jugarse la vida estiupidamente. Zenker se introdujo en el carruaje, atranc6 la puerta por dentro con un leno que encajaba en una cuna saliente y se corri6 a la delantera. Detras del asiento del conductor habia un vano que servia de respiradero, y, apostado alli, con el revélver en la mano, amenazaba con el arma la espalda del conductor. Este dejé caer el ldtigo sobre los huesudos flancos de los matalones, que reanudaron su perezosa marcha entre el polvo de la senda, alejandose hacia el norte. Para Zenker fue providencial el encuentro, pues no llevaba rodando de nuevo mas de diez minutos, cuando Texas y sus hombres alcanzaban a distinguir el llano y en él, el carromato del dentista. cConniclooolks C@©