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Pulp Fiction, 1940 · page 49 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 49: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 49: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Cuéntame lo sucedido; Si dices la verdad y me demuestras que no perteneces a esta banda de granujas, yo sabré recompensarte. O’Brien relat6 todo lo sucedido en la taberna del poblado, y como Zenker les habia hecho creer que los bandidos le habian atacado, robando a su esposa y a su prima, como se habian fugado y su empeno en rescatarla. Texas le escuché interesado y comprendi6 que decia la verdad. Los marinos habian sido instrumentos ciegos de Zenker y nada tenian que ver en el rapto. Haciendo un gesto, pregunt6 al bandido. — i Qué tienes que decir a eso? —Que es cierto, pero él no sabe la verdad. Nosotros sorprendimos a aquel tipo cuando llevaba a las muchachas amarradas. El jefe las desat6é y él le propuso darle una cantidad si les dejaba libres, pero una de las muchachas le avisé para que no lo hiciera. Le prometi6 a Wolff que le pagarian un buen rescate por ellas si no aceptaba lo que le ofrecia aquel tipo y se ponia al habla con el capitan Texas. »Aquella noche se fugaron los dos que las conducian y mataron a un companero. Wolff pretendi6 que ella mantuviese la oferta de rescate, pero la joven rebaj6 mucho la cifra y el jefe no quiso aceptar. Ella la mantenia si capturaba a los fugitivos y los entregaba al capitan junto con ellas. Como no se habian puesto de acuerdo, Wolff las trajo aqui, seguro de que no tardando mucho aceptarian, y cuando estabamos mas descuidados, fuimos atacados a tiros. —Dénde dejasteis escondidas a las muchachas? —pregunt6 anhelante y esperanzado Texas. —Quedaron aqui mismo. El jefe, al oir el primer disparo, saltd hacia los penascales y las dejé aqui. — Aqui? ;jPor Satanas! Buscar bien por los alrededores, no pueden haber ido muy lejos. Acaso se hayan escondido en algun lugar, y ti —dijo, dirigiéndose al marino—, ;d6nde esta el que os contratd? — Yo qué diablos sé? Fué el primero en disparar. Dijo que habia matado al jefe y nos ordeno deslizamos hacia alla abajo, para contener a sus hombres. El salt6 por ese picacho a este claro y ya no vi mas, aparecieron ustedes y se armo ese infierno de tiros que le ha costado la vida a todos mis companeros. cConniclooolks C@©