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Pulp Fiction, 1940 · page 50 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 50: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 50: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Texas, con los ojos brillantes, rugi6: —jCuidad de esos tipos! Tienen que estar cerca, no pueden haber corrido mucho, jpor Judas! Que me consideraré un imbécil si no los descubro. Iba a iniciar la busqueda, cuando el bandido exclamé: —jEl caballo!... jEl caballo! —i Qué caballo? —FE] de Wolff. Estaba aqui mismo y no le veo. Texas adiviné la terrible verdad. Mientras aquellos hombres peleaban entre si, Zenker habia conseguido escapar a caballo con las muchachas. Furioso, dio una orden: —Atar a ese tipo y dejarle ahi. Si tiene la suerte de que alguien le auxilie, mejor para él, y si no..., en cuanto a ti —dijo, senalando al marino—, si quieres incorporarte a nosotros, vente nada tengo contra ti. —Bien; nada tengo que hacer y lo mismo me da una cosa que otra. —Darle un caballo. Busquemos el sitio por d6énde puede haber huido. Doy cinco mil délares al primero que me senale una pista capaz de localizarle. El marino tomoé uno de los caballos de los bandidos que se encontraban reunidos en un pequeno hoyo, y tomando la ropa que le venia mejor entre los caidos, se equipé, dejando de aparecer con aquella camiseta tan llamativa. Queria evitar que le reconociesen como un marino desertor y la ocasion era la mas propicia. Como locos, se repartieron por todo el perimetro de la explanada, registrando las innumerables fisuras que partian los farallones que la circundaban. La contrariedad de ser el piso de piedra viva hacia que no pudiesen localizar con facilidad las huellas del caballo. Texas hubiese seguido ciegamente por alguna de ellas, pero el temor a alejarse mas, que acercarse, le impedia tomar tan enérgica resolucion. Esto les hizo perder un tiempo precioso, hasta que el peén que les habia guiado a aquel lugar, regres6 exclamando: —Senor Texas, he observado que casi todas estas malditas sendas van a morir a una misma. Sospecho que no hay mas que un cConniclooolks C@©