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Pulp Fiction, 1940 · page 38 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 38: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 38: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

dedicé a preparar un ligero desayuno, del que todos participaron sombriamente. Jim se limité a beber dos potes de café para ahuyentar el sueno, y poco después reemprendian la marcha. Casi mediada la manana, el guia se detuvo. Acababa de descubrir rastros de caballos, y llam6 la atencién sobre ellos. Los estudiaron. Se trataba de huellas bastante recientes y correspondian a varias monturas. —Llevara protecci6n ese bandido? —murmuréd—. De todas suertes, no me importa. Conviene que alguien salga, por delante de descubierta, y yo voy a ver si desde los picachos cercanos se descubre algo. Escal6 un agreste pico y registr6 el paisaje con sus agudos ojos, pero nada de lo que alcanz6 a ver entre aquel caos de piedra le denunci6 algo anormal. El peén destacado tampoco descubrié nada, pero, aprovechando los momentos propicios en que la hierba reseca se las mostraba, seguian las huellas de los caballos con ansia infinita. Durante media hora continuaron adelante, hasta que, al adentrarse y descender por un pino canon, el guia que caminaba en vanguardia lanz6 un grito de aviso y todos llevaron las manos a los revolveres. Jim se adelant6 impetuoso, y el guia le mostr6 un cuerpo caido en la dura piedra. Tenia un balazo en el pecho y estaba muerto. Texas le examino con curiosidad. Estaba frio, pero no tanto que hiciese creer que su muerte se habia producido lejanamente. —Tiene una pinta de forajido que no puede desmentirla — afirmoé—, y su muerte debe datar de esta manana. ;Quién diablos sera y por qué le habran matado? —Acaso haya cometido algtn acto que no gustase a ese tipo. Esta gente jamas es leal a nadie. Alguien se adelant6é por el tortuoso encajonamiento que giraba bruscamente a la izquierda, y en aquel momento se oyeron varios graznidos de ira y media docena de pajarracos se elevaron al aire trazando circulos. A Texas le bast6 descubrirlos para adivinar que los descubrimientos macabros no se habian terminado. —Por aqui debe haber mas cadaveres —afirmé—. Cuidado, que parece esto un campo de batalla. cConniclooolks C@©