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Pulp Fiction, 1940 · page 39 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 39: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 39: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Se adelant6 con el revdélver empunado, hasta descubrir al bandido que Zenker y Jack habifan despachado. Este presentaba herida de arma blanca, y cerca de él se hallaban las cuerdas cortadas que Wolff descubriera. Examin6 el cadaver y las cuerdas y dijo: —No lo entiendo; parece como si alguien hubiese sido capturado y lograse fugarse cortando sus ligaduras y matando a su guardian. Daria media vida por tener una explicacién clara de lo que ha sucedido. Dio orden de registrar los alrededores, y, debido a la pisoteada hierba que por alli crecia, no tardaron en descubrir la fisura por donde Zenker se habia filtrado buscando un lugar de descanso. Alli Texas sufri6 una de las emociones mas terribles de su vida. Sucio, rasgado y tirado en un rincon, aparecia el vistoso traje de novia de Stella. Lo tomdé temblando de angustia y lo besé con lagrimas de agonia. Luego se lo entreg6 a Nino, diciendo: —Toma, guardalo como una reliquia. Esto nos dice algo, aunque no nos sirve de nada. El mejicano, bramando de ira, gruno: —jTe juro, maldita sea Sonora, que éste le recompongo yo con la piel de alguien, como me llamo Nino! Lo guard6 en el saco, mientras Texas requisaba el pequeno escondite. Descubrié6 la hoguera apagada y fria y las huellas de los bandidos, pero no acertaba a solucionar sus dudas. Creia que Zenker viajaba con escolta y que algo se habia producido entre ellos que habia causado la muerte de aquel par de tipos. Esperanzado, dio la orden de continuar, y mas abajo sufri6 una nueva sorpresa. El calesin apareci6d a su vista medio oculto atin entre la maleza, pero los caballos habian desaparecido. —No me lo explico —clamé con desesperaci6n—. Aqui ha sucedido algo imprevisto que les ha obligado a abandonar el calesin y a seguir con los caballos. —,Les habran atacado? —insinuoé Nino. El guia exclamé: —Pues... acaso pudiera ser. Dicen que merodea por la regi6n un rufian llamado «El Lobo», que se supone tenga aqui su guarida. cConniclooolks C@©