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Pulp Fiction, 1940 · page 29 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 29: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 29: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

brillaban por la limpieza. Se sent6 como pudo, sacudi6 su cabeza haciendo flamear la encrespada cabellera Ilena de polvo, escupi6d como un condenado, y, por fin, poniéndose en pie trabajosamente, llev6 la mano a la cintura, de donde extrajo un agudo cuchillo, que esgrimi6 con fiereza. Sin vacilar, avanz6 de nuevo hacia la taberna, en la que un tipo que parecia irlandés por su alta estatura, su pelo ensortijado del color del azafran, su tez rubia pero quemada por el sol, y por sus ojos azules pero duros como el cristal de roca, esperaba con los brazos cruzados, mostrando la envergadura de sus musculos. Vestia como su companero, y, detras de él, se adivinaba que quedaban algunos otros camaradas que ansiaban salir a la calzada a presenciar la pelea, pero que el gigante lo impedia llenando todo el vano de la puerta. El vapuleado avanzo6 dos pasos, grunendo, al tiempo que seguia escupiendo polvo. —jSaca tu cuchillo, O’Brien, sacalo, o tendré que vaciarte las tripas, y luego esos asquerosos diran que he peleado con ventaja! O’Brien sonrio, contestando: —jAdelante, Reylle; para deshacerte la boca a punetazos no necesito cuchillo; pero ten presente que, si no posees alma para pelearte con los punos, te arrancaré el cuchillo y te lo clavaré en la garganta para que no vuelvas a presumir mas! Reylle, seguro de que con aquella terrible arma en la mano era invulnerable, avanz6 atin mas y se qued6 contemplando a su enemigo con ojos brillantes llenos de odio. Luego, con un salto felino, cay6 sobre él con el brazo en alto dispuesto a dejarlo caer sobre su pecho. Lo que sucedié después fue visto y no visto. El poderoso brazo de O’Brien detuvo en el aire el tragico arco del brazo contrario, atenazandole como una garra; con presio6n nerviosa presion6o hacia atras el brazo, doblandolo, entre rugidos de impotencia del agresor, y poco a poco el temible cuchillo se hundié en la garganta de Reylle, quien emitid un rugido impresionante. Luego le soltd, y el cuerpo, desplomandose flacido y sin fuerzas, cay6 junto a la tarima, donde qued6 en un espasmo final de agonia. Un silencio sepulcral siguid a la hazana. Luego, O’Brien avanz6 cConniclooolks C@©