ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 26 of 104

Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 26: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: El Rescate — page 26: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

nuestra pérdida. Los dos son hombres de accién, y es muy seguro que estén registrando los montes con todo el ahinco y la rabia que les domine. Si llegan a tiempo de rescatarnos, no habra que estar pendiente de las reacciones de este bruto. —Doce horas se pasan pronto. —Si, y en doce horas pueden suceder muchas cosas. x ox ox Mientras Wolff discutia con las dos mujeres el precio del rescate, el audaz Zenker, en compania de su valioso auxiliar Jack, galopaban tan furiosamente como sus monturas se lo permitian por las fragosidades de la montana, ganando la vertiente oeste que debia sacarles de aquel laberinto con direccion a la costa. Habianse visto obligados a tener que renunciar a su valioso botin después de la audacia y las fatigas sufridas para conquistarle, pero recobraban la libertad de movimientos y _ salvaban posiblemente su vida. Todo se habia desarrollado gracias a la energia y la practica del viejo forajido. Este, previsor, siempre llevaba algtin agudo estilete oculto en lugares inverosimiles, y asi, esta vez, en un habil escondite fabricado entre el cuero y el forro de sus altas botas de montar, llevaba escondida la hoja de un fino cuchillo, que con gran esfuerzo y la ayuda de Zenker logr6 extraer, cortando sus ligaduras. Luego, aprovechando un momento de desfallecimiento de su guardian, que qued6 dormido con el revélver apoyado sobre sus rodillas, saltaron sobre él, apunalandole samudamente antes de darle tiempo a emitir un grito, y luego, buscando los caballos del calesin, que por fortuna no habian sido descubiertos atin por los bandidos —senal de que procedian del Sur— lograron, colocando en sus remos trozos de manta, alejarse sin que el ruido de los cascos les denunciasen. Toda la noche, exponiéndose a sufrir un despiste o despenarse por un terreno muy accidentado, caminaron alejandose del refugio de Wolff, y asi, cuando el sol rompi6 entre un triunfo de nubes magenta, se hallaban descendiendo la vertiente y muy prdoximos a terreno llano. Desde las cresterias de los montes_ distinguieron un (a cConniclooolks C@©