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Pulp Fiction, 1940 · page 97 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 97: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 97: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Por fin, mediado el dia, una nube de polvo les indic6 que se acercaban al anhelado carruaje y Jim pidiendo al caballo un ultimo esfuerzo consigui6 despegarse atin mas de sus companeros. Nino se mantuvo a su nivel y poco mas tarde, se acercaban al carruaje. Texas no se entretuvo en pedirles que se detuviesen. Levanto el revolver y disparo. Pero un huracan de plomo fue la respuesta. Los ocho forajidos, dandose cuenta del peligro, contestaban briosamente tratando de detenerles. Jim no fue alcanzado por milagro, pero sin hacer caso del peligro, continu6 avanzando y disparando rabiosamente, secundado por los peones que le seguian. Texas temiendo alcanzar a las muchachas con los disparos, habia dado orden de disparar bajo para alcanzar a los caballos y detener el carruaje. Si lo conseguian lo demas estaria logrado. Por fin, uno de los caballos vacil6 cayendo a tierra. Sus companeros trataron de seguir avanzando arrastrandole, pero no lo consiguieron y el carruaje se detuvo en la cinta de la carretera en medio de la mas salvaje alegria de Texas. Pronto éste, seguido de Nino y los peones, avanzaron intrépidamente disparando cémo diablos y tratando de rodear el calesin y una pelea feroz se entabl6 entre perseguidos y perseguidores. Los forajidos, gente dura y valiente, tumbados en el carruaje se defendian como tigres acosados. Se daban cuenta de que les habian asignado una mision tragica y la mas alta rabia se habia apoderado, de ellos, al saberse victimas propiciatorias de aquel plan tan descabellado. Pero poco a poco iban cayendo. El humo de la pdélvora poblaba el ambiente y no permitia ver lo que sucedia en el carruaje, cosa que encendia la sangre de Texas, pues temia que en la terrible batalla las muchachas pudiesen sufrir las consecuencias de la lucha. Por fin la defensa se fue haciendo mas leve. Los forajidos iban cayendo no cesando de disparar hasta que sus fuerzas quedaban agotadas con el ultimo aliento y los peones con Texas a la cabeza, consiguieron terminar de abatirles asaltando el carruaje. Este ofrecia un cuadro impresionante. Los caidos amontonados cConniclooolks C@©