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Pulp Fiction, 1940 · page 98 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 98: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 98: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

unos sobre otros, aparecian cubiertos de sangre. Algunos, atin respiraban ansiosamente revolcandose en las ansias de la muerte y Texas sin misericordia, les fue tomando uno a uno y arrojandoles al polvo de la carretera, pero cuando dejé vacio el calesin observ6 con rabia y asombro que no se encontraban las muchachas en él. Con los ojos inyectados en sangre por la ira y la desesperaci6n, se dirigid al que parecia menos grave y colocandole el canén del revolver en la boca rugi6: —jHabla o te deshago esa boca de sapo que tienes!... ¢D6nde estan las muchachas? —No lo sé... a nosotros... nos mandaron... galopar... con... el carruaje y... no sé mas... —Quién? —Adquel... el que... parecia un misionero... y... Jack... el jefe... — Donde fueron ellos?, jpronto, por el Infierno! —No sé... por las trochas... con las muchachas... no dijeron mas... Texas comprendié que decia la verdad. Ellos solo habian sido peones secundarios para despistarles en la busqueda... La verdad tragica era muy otra y con el tiempo perdido, iba a ser muy dificil descubrirla. Rabioso se dirigi6 a los peones diciendo: —jRematar esa carrona y arrojarla a los buitres!... jNino a galope... al poblado!... Me temo que sea demasiado tarde para conseguir nada, pero... jPor cuanto puedo querer en el mundo, juro no descansar hasta encontrarlas y descubrir a ese monstruo deshaciéndole como a un guinapo entre mis manos! A pesar del cansancio de los caballos, volvieron a emprender el trote regresando al poblado cuando ya la luz del atardecer iba envolviéndolo. El cuadro que se ofrecid a sus ojos fue impresionante. Las mujeres rezaban en la iglesia porque las muchachas fuesen rescatadas y regresasen sanas y salvas y los hombres reunidos en la glorieta, comentaban rabiosamente el suceso y no se explicaban como pudo haber sido preparado tan magistralmente. Spack abatido, parecia un pelele sentado sobre un banco de junco a la pared de la barraca y Daphne, pdalida y nerviosa, le atendia y no dejaba de clavar sus ojos en la cinta del camino cConniclooolks C@©