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Pulp Fiction, 1940 · page 94 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 94: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 94: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

por varios minutos, mas que una boda, aquello parecié una plaza sitiada, defendiéndose briosamente. Por fin, renaci6 un tanto la calma y cuando los recién casados avanzaban hacia el calesin, un tipo barbudo se adelant6, diciendo con fuerte acento tejano: —jOh ilustre capitan! Mi mas ferviente enhorabuena por la hermosa joven que acaba de ser su esposa, es linda como un amanecer en el campo, bella como una puesta de sol, alegre como el piar de los pajaros en Primavera, pero esa belleza excepcional no puede quedar perdida como un recuerdo de este grandioso acto. Ustedes deben conservar para sus tiernos hijos un recuerdo permanente de este hermoso momento y para ello, nada como hacerse unas preciosas fotografias en mi magnifico estudio. ;Oh!, senor, soy un artista, usted lo ha de ver. Ustedes deben... —Basta, amigo —repuso Texas, riendo—, para pedirnos que nos hagamos un retrato, no hace falta un discurso tan largo. —Gracias, senor, yo soy un artista; ustedes han de verlo... Por aqui, siganme, haganme ese honor... Apretujados por los invitados que anhelaban ver a los novios mas de cerca, llegaron al barrac6n donde solamente penetraron los novios, Vera, su padre, Daphne y Nino. El fotégrafo desviviéndose por serles gratos, ofrecid asientos a los asistentes y luego, dirigiéndose a los novios empezo a. Estudiar las posturas que debian adoptar, pero todo compungido exclam6é: —jOh! Senora de Texas, esos barbaros por admirarla como se merece, le han estropeado el tocado... vea que arrugas le hace aqui el vestido, y como se ha torcido un poco ese precioso ramo... —Pasa, Stella, yo te ayudaré a arreglar esos «terribles destrozos» de tu atuendo. A lo mejor, este gran artista echa la culpa de que salgas mal a ello. —jOh no, senora!, yo siempre trabajo bien, pero busco la manera de ser perfecto, pasen, hagan el favor. Abrio la puerta indicando el pequeno tocador. Entr6 el primero inclinandose para dar paso a las dos jévenes, mientras Texas con Spack, Nino y Daphne, sonreian ante la verborrea del fotégrafo. La puerta se cerré suavemente y las dos muchachas sin observar nada de particular, avanzaron dirigiéndose al tocador, cuyo espejo cConniclooolks C@©