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Pulp Fiction, 1940 · page 93 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 93: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 93: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

nupcial estaba llegando al poblado y todos los invitados, formando una compacta masa humana, se agruparon en la espaciosa glorieta que se abria frente a la iglesia, formando calle para dejarles pasar. Entre una nube de polvo y precedidos por una docena de gallardos jinetes que oficiaban a modo de batidores, avanzaban dos calesines tirados por magnificos caballos lindamente enjaezados. En el primer, aparecian Texas y Stella y en el segundo, seguian Vera, su padre y Daphne. Nino, vistiendo el mas. bello atuendo mejicano que confeccionaran manos sabias en el vestir, aparecia sobre la silla de «Rayo» como un dios olimpico abriendo marcha y el mejicano lanzaba miradas incendiarias a las bellas muchachas que aplaudian al cortejo, como si reclamase para él toda la atencién de sus miradas. Entre aplausos delirantes y vivas a los novios, entr6é el carruaje en el descampado, yendo a detenerse en el portico de la iglesia, donde ya el cura que debia bendecir la union, les esperaba emocionado en la puerta... —Sed bienvenidos, hijos mios a la casa del Senor, donde éste bendecira vuestra uni6n y derramara sobre vuestras cabezas toda su bondad y sus dones. Stella, radiante de gozo, descendio del carruaje. Iba vestida con un soberbio traje de raso blanco, dotado de una larguisima y vaporosa cola que fue recogida por Vera y Daphne, y sobre la rubia mata de su pelo, que parecia un casco de oro, se destacaba el clasico ramo de azar, simbolo de su pureza. Texas vestia un riquisimo traje de hacendado, todo él de terciopelo negro con botones de oro. Como detalle exdético, acaso por vez primera, no colgaba del cinto su temible Colt. Tomando del brazo a su futura, penetrd en la_ iglesia, dirigiéndose al altar, donde se celebré la ceremonia del enlace con toda pompa. Daphne, toda emocionada, entondé una salve, cantada con voz dulce y bien timbrada, y el 6rgano, un poco vetusto y desafinado, le acompand como el mediano organista pudo hacerlo a costa de grandes esfuerzos. Al salir de la ceremonia, los vaqueros no acertaron a expresar su alegria mas que disparando al aire sus impresionantes revolveres y cConniclooolks C@©