ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 92 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 92: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 92: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

que alli se ocultaba nadie. —Esta bien, Jack; si la cosa sale a mi gusto, te vas a ganar un buen punado de billetes, pero si falla en algo... lo mas seguro es que tanto ti como yo nos ganemos un buen monton de onzas de plomo en el cuerpo. —De eso ya hablariamos. —Bien, Jack. Nada tengo que reprocharte. Eres un hombre maravilloso. Voy a buscar un rincén donde dormir hasta que salga el sol. Después... OX ra aX Apenas el sol habia empezado a apuntar por el horizonte, cuando ya se acuso el nerviosismo y la animacion en el poblado. Infinidad de calesines y galeras atestadas de familias de rancheros y granjeros de muchas millas alrededor a la posesi6n de Texas, acudian a la fiesta vistosamente ataviadas; caballos caprichosamente enjaezados soportaban sobre las sillas vaqueros y rancheros vistiendo los vistosos y llamativos atuendos de sus dia de gran gala y carruajes y caballos, se confundian en la senda, desparramandose por la orilla derecha, rodeando el pueblo, pues el lado contrario, debido a lo escabroso del terreno, no parecia brindar espacio para albergarlos. Como atin era temprano, los jinetes penetraban en el pueblo visitando las tabernas, donde todo eran risas y comentarios al inusitado suceso y un ansia no dominada animaba a todos, deseando ver aparecer el calesin de los novios. Poco mas tarde, empezaron a afluir los peones y personal de la hacienda de Texas. Era una pintoresca caravana de carruajes y jinetes, todos portando ramos de flores silvestres recogidas la noche anterior para cubrir el sendero y el paso hasta el altar cuando avanzasen los recién casados. La vetusta y pequena iglesia aparecia bellamente adornada con guirnaldas de flores y ramaje. Farolillos multicolores habian sido encendidos para prestar un aspecto mas detonante al acto y la alfombra de rico trenzado mejicano cubria desde el mismo altar hasta el lugar donde debia detenerse el calesin. Por fin, un jinete lleg6 anunciando a gritos que la comitiva (a cConniclooolks C@©