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Pulp Fiction, 1940 · page 75 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 75: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 75: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

escapo de su pecho al descubrir la montura de O’Conor trabada en la pesebrera. Se abalanz6 sobre ella, desaté las bridas y no sin trabajo, consigui6 subir a la silla después de levantar la tranca de madera que cerraba la tosca puerta. Respirando con ansia, sali6 a una calleja trasera buscando los lugares menos concurridos hasta dejar atras el casco del poblado. Sélo cuando se vio en las afueras, castig6 rudamente al caballo obligandole a emprender un trote endemoniado hacia el bosque que cerraba el paisaje a un par de millas. Por fin estaba libre. Su ingenio, su decisi6n, su tes6n, habian triunfado una vez mas sobre el ingenio y la astucia de sus enemigos. Ahora se encontraba solo frente a los que anteriormente fueron sus aliados, se sabia declarado proscrito por la Ley, pues ahora no se trataba de una lucha sorda y particular entre él y Texas sino una rebelién abierta contra el Cédigo, pero se sentia con animos para luchar con todos y contra todos y en particular animado de la mas encendida decisi6n para cobrarse las amarguras sufridas. Fl ayudante del sheriff se entretuvo mas de la cuenta. El médico no se encontraba en su domicilio cuando acudi6é en su busca y tuvo que dirigirse a la morada de un vecino a la que habia sido llamado con urgencia. El joven le explicé lo que sucedia y el médico exclaméo: —jQué cosa mas rara! ;Habra rabiado de la impresié6n? Al buen hombre no se le ocurria otra explicaci6n al suceso. Por fin se encaminaron a las oficinas y cuando entraron en ellas, una honda sorpresa les paralizo. En tierra, perdido el conocimiento, acusando en el ment6n el terrible golpe sufrido, se hallaba el sheriff. A su lado, se descubrian las abiertas y caidas esposas y éstas, asi como la falta del revélver al cinto de O’Conor, les dijeron todo lo sucedido. El ayudante palidecié de rabia y el médico exclamé: —Bueno, he venido para asistir a un enfermo y, tendré necesidad de preocuparme de otro. Aquel me parece que estaba tan malo como usted y como yo. El ayudante, furioso, recorrié toda la casa inttilmente y cuando lleg6 a la corraliza, estall6 en denuestos y maldiciones. El caballo del sheriff habia desaparecido y aquello completaba la explicacion. Volvi6 al interior donde el médico atendia al sheriff. cConniclooolks C@©