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Pulp Fiction, 1940 · page 76 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 76: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 76: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

El doctor, impotente, dijo: —No puedo hacer mas que dejarle que vuelva en si por propio impulso. No se puede hacer otra cosa. Se despidiéd recomendando que le dejaran reposar y el ayudante, aturdido, no supo qué hacer sin la direcci6n de su jefe. Era casi mediada la tarde, cuando volvi6 en si. Se quejaba de terribles dolores en la cabeza y en la mandibula y apenas si se daba cuenta de su situacion. Por fin, una hora mas tarde, consiguid recordar algo y al observar a su lado a su ayudante, clamé: —jPor Judas Bob, dime que ha sucedido! —No lo sé, jefe... le encontré tumbado en tierra y el preso habia desaparecido... O’Conor emiti6 un rugido y recordando, grit6: —jPor el infierno! Marcha a la villa donde se encuentra el capitan Texas y dile lo que ha sucedido. He sido un esttupido y me parece que le he hecho un flaco servicio. Tendré que presentar la dimisi6n por idiota y él se sentira con derecho a decirme todo lo desagradable que se le ocurra. El ayudante se apresuro a correr a la villa a dar cuenta del suceso a Jim. Estaba seguro de que ya nada se podria intentar, salvo correr la noticia por todos los pueblos de la comarca por si alguien podia localizar al fugitivo y detenerle. Texas bramé como un toro cuando tuvo noticias del tragico suceso. Ahora le pesaba como una losa no haber suprimido a tiros a aquel asqueroso reptil que atin debia dar coletazos terribles antes de caer proporcionandoles muchos y muy serios disgustos. Spack, por su parte, se sintid abatido con la noticia, y Conocia atin mejor que Texas al sanguinario secretario y estaba seguro de que no les perdonaria la trampa en la que le habian hecho caer. — Qué vamos a hacer ahora, Texas? —preguntdé aterrado—. Estoy seguro de que de aqui en adelante sera ain mas peligroso que nunca. — Qué puedo intentar ya? Desde que ocurriéd el hecho, ha tenido muchas horas por delante. Creo que no nos queda otra cosa que regresar a mi rancho y esperar alli a que dé senales de vida. Quiza entonces podamos jugar la ultima partida. —Temo por todos. Por usted, por mi hija y por mi, aunque creo cConniclooolks C@©