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Pulp Fiction, 1940 · page 74 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 74: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 74: Pulp Fiction, 1940

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y el representante de la Ley se sentia muy molesto al tropezar con aquellas pupilas vueltas y vidriosas. De sutbito, sucedi6 algo inexplicable contra lo que no pudo oponerse. El flacido brazo derecho de Zenker, se tensionéd como un muelle de acero; con velocidad fulminante cay6 sobre la culata del revolver del sheriff que se hallaba casi a su nivel a la distancia de veinte centimetros y el arma saliendo de la funda con la misma velocidad, pero terriblemente sobre su menté6n en un movimiento hacia arriba, obligandole a emitir un gemido de angustia al tiempo que vacilaba y caia hacia atras privado de sentido. Zenker salt6 incorporandose en el suelo y al ver caido al sheriff, estir6 el brazo y le arrebat6 las llaves de las esposas, abriendo con celeridad las que aprisionaban sus piernas ya que las manos se las habian dejado libres. Rabiosamente se puso en pie escupiendo con asco todo lo que almacenaba su boca. Un simple pedazo de jabén con el que habia tropezado en el suelo de su celda olvidado Dios sabia cémo, le sirvid para toda aquella aparatosa comedia que podia significar su salvacion. Quiso echar a andar, pero lanz6 una terrible maldicién. Tenia los remos entumecidos y le costaba un trabajo improbo poder mover los pies. Se apropio del revélver dispuesto a defender cara su vida si era sorprendido y rabiosamente se fricciono las piernas hasta mejorar la circulacién de la sangre. Era vital para él adquirir libertad de movimientos o todo lo que habia expuesto no le iba a servir para nada. Por fin, a costa de un esfuerzo terrible, consigui6 andar y medio a rastras, cruz6 el pasillo alcanzando la corraliza que se abria a la espalda. Su unica esperanza real de salvaci6n consistia en poder localizar el caballo del sheriff. Si lo lograba, los pocos 0 muchos minutos de que dispusiese hasta que fuese descubierto el sheriff en aquella situaci6n, debia aprovecharlos para poner toda la distancia posible entre él y el poblado y si no encontraba el caballo, correria hasta donde se le agotasen las fuerzas y si era alcanzado, moriria matando. Ferozmente sali6 a la corraliza y un rugido de salvaje alegria se cConniclooolks C@©