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Pulp Fiction, 1940 · page 73 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 73: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 73: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Este yacia de costado en tierra y cuando se acercé a él para invitarle a desayunar, retrocedi6 mirandole con espanto. Zenker apareci6 con los ojos enormemente dilatados y por sus labios contraidos en una mueca tragica, arrojaba una cantidad fantastica de espuma blanca y esponjosa que imponia. Impresionado, salid al pasillo y llam6 a voces al sheriff. Este, empunando el revolver, corriéd hacia el calabozo temiendo que sucediese algo imprevisto a su ayudante. Bob, desde la puerta, senal6 al prisionero diciendo: —Me parece que si no esta muerto le falta poco. Vea cOmo se encuentra. O’Conor avanzo con la vela en una mano y el revélver en la otra y al fijar sus ojos en la faz de Zenker, qued6 tan impresionado como su. ayudante. Aquel hombre debia estar agonizando y un sentimiento de humanidad mal entendido le movi6 a prestarle auxilio. Se acercé a él enfundando el arma y le hablo, le movid en todos sentidos, pero Zenker no parecia dar apenas senales de vida. Arrojaba constantemente espuma por la boca y_ respiraba angustiosamente, produciendo al hacerlo un _ ronquido impresionante. —Sacalo a mi despacho. Vamos a intentar algo con él. Le arrastraron hasta el despacho y alli O’Conor, trat6 de limpiar aquella espuma espesa como un trapo, pero era inttil, porque nuevas oleadas de ella salian de la boca del preso y cada vez parecia mas angustiado al respirar. Le abri6 las esposas de las manos y le movi6o los brazos flacidos, tratando de intentar una reacci6n a costa de flexiones de los brazos y de masajes en el pecho, pero todo parecia inutil. Desesperado, exclam6: —Bob, ve a casa del doctor Larry que no vive lejos y traetele para que vea a este tipo. No se perdia nada con que se muriese, pero no quiero cargar con la responsabilidad por abandono mio. El ayudante tomo su sombrero y abandoné las oficinas, en tanto que el sheriff, briosamente, volvia a intentar normalizar su respiracion con las, flexiones de brazos y los masajes en el corazon. Zenker se hallaba tumbado en el suelo y el sheriff de rodillas a su lado. El enfermo con los ojos extraviados, parecia mirarle sin verle cConniclooolks C@©