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Pulp Fiction, 1940 · page 72 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 72: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 72: Pulp Fiction, 1940

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inventiva. Jamas pudo sospechar que fuese capaz de localizar al millonario y mucho menos, hacer con él las paces y convencerle para que le secundase en sus planes. Siempre habia confiado en Spack porque le creia tan empedernido como él y dentro de su orbita de accién y aquel fracaso le encorajinaba de tal modo, que se prometia deshacerlo como a un pedazo de tierra, si por un milagro cualquiera conseguia evadir el cordel que se estaba tejiendo para su cuello. Poco a poco, lo irremediable de lo ocurrido y el tragico porvenir que se le avecinaba, aclararon sus sentidos. No podia dejarse vencer por la desesperacién y la impotencia y estaria perdido de modo irremisible y tenia que estudiar su situaci6n, estrujar sus sentidos, forzar la inventiva para intentar algo que le librase de las garras de la muerte. Durante toda la noche, estuvo haciendo trabajar su cerebro a marchas forzadas y cuando amanecia crey6 haber encontrado una débil posibilidad de salvacién, aunque esta posibilidad era muy remota y problematica. El sheriff durmié muy poco aquella noche. Hasta altas horas de ella, permaneci6 ante su mesa redactando el informe voluminoso que debia presentar al juez al dia siguiente y sdlo cuando estim6é que habia quedado bien redactado con todos los detalles que debian apretar el dogal alrededor del cuello del preso, decidi6 tomarse un merecido descanso. A la manana siguiente, se levant6 mas fresco y animoso y asistido por uno de los ayudantes a quien habia pedido que acudiese a su oficina para cuidar del preso en su ausencia, se dispuso a dar comienzo a su actuaciOn. Antes de marchar, dijo a su ayudante: —Bob, ahi tienes una escudilla con café, torta y manteca. Ve a ver al preso y dale de desayunar. Una cosa es que tratemos de colgarle lindamente y otra que seamos mas crueles que él y le dejemos morir de hambre. El ayudante tomo la escudilla las llaves de las esposas para liberarle las manos y se dirigi6 al calabozo descorriendo el cerrojo. Como el encierro carecia de toda luz, se habia provisto de un trozo de vela de sebo y dejando la escudilla fuera, penetr6 con la luz buscando al preso. cConniclooolks C@©