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Pulp Fiction, 1940 · page 68 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 68: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 68: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—jMientes, asesino, falsario! Zenker gird bruscamente la vista hacia el lugar donde habia brotado la acusacién y Ilevé la mano al bolsillo buscando el revolver al ver surgir ante él la silueta de Texas con el arma en la mano. Pero algo le imposibilit6 toda accién. Los tres desenterradores que se hallaban casi pegados a él, saltaron como tigres aferrandole reciamente entre dos, mientras el tercero apoyandole un objeto duro a los rinones, gritd: —jNo se mueva amiguito, sera mejor para usted! Se lo ordena James O’Conor, sheriff de este poblado. Zenker como un rabioso poseido, forcejed con inddmita desesperaciOn para zafarse la tenaza brutal de los ayudantes del sheriff y quiza lo hubiese conseguido de no surgir Nino, quien de dos zancadas lleg6 hasta él y atenazandole brutalmente por un brazo hasta casi troncharselo, rugid: —Bueno va manito, no me sea pringao y estese ya quieto 0 asi, si no quiere que le haga ocho o diez pedazos... jMaldita sea Sonora! Que ya tenia ganas creo yo de poner mis manos sobre sus asquerosas carnes. Su presion era tan brutal, que Zenker rugia como si le estuviesen quebrando los huesos con unas horribles tenazas y mientras el mejicano le retenia como a un pelele, el sheriff le colocé un par de recias esposas en los pies y luego, con ayuda de Texas otras en las manos. Cuando qued6é jadeante y maldiciendo tumbado como una res sobre la dura tierra, el sheriff que habia asistido a la tragicomedia disfrazado de desenterrador, se acerc6 a Texas diciendo: —Bien, capitan, supongo que estara usted satisfecho del modo que se ha llevado el asunto. —Asi es, aunque... hubiese preferido eliminarle de un tiro. Tengo muchas deudas pendientes con él, pero en esta ocasi6n, habia algo que se salia de la cuesti6n personal para entrar en el terreno general de la Ley. Ese cadaver le libra de mi revoélver para llevarle a la horca. Luego, indicando a Spack que permanecia en pie erguido con la mirada clavada en el cuerpo de su secretario y la mano metida en el bolsillo, acariciando con rabia el mando de su pistola, exclamé6: cConniclooolks C@©