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Pulp Fiction, 1940 · page 69 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 69: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 69: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—No haga lo que piensa, senor Spack. Yo lo hubiese hecho también antes que usted, pero debia ser como ha sido. —jOh! Me cuesta un sacrificio enorme no deshacerle con mis propias manos. jEs la hiena mas repugnante y maligna que he conocido en mi vida! Texas se volvio hacia el sheriff indicando: —Fl senor Claudio Spack, padre de la muchacha que debia haber ocupado esta sepultura de no haberla salvado yo de sus garras. —Mucho gusto en conocerle y en felicitarle por la suerte que ha tenido de que usted interviniese tan oportunamente... Ahora, lo que hay que averiguar es a quien pertenece este cadaver. —Yo se le diré... Creo que por una verdadera casualidad lo he averiguado. Lea esto. Sacé del bolsillo el recorte del periddico que habia encontrado en el hotel y se lo entrego. El sheriff apenas lo vio, dio un respingo gritando: —jPor todos los diablos del infierno! j;Tiene usted razén! Este no puede ser mas que el cuerpo de esa infeliz muchacha que desaparecié del bar hace unos dias. No tardaremos en saberlo, pues sus companeras la identificaran por las ropas. Spack se acerco intrigado y Texas le dio cuenta del incidente que le habia hecho leer el suelto de la desaparicién de Esther, cosa que le dio la clave de la audaz maniobra del secretario. —Claro —coment6— necesitaba un cadaver y tenia que buscarlo. Por eso le trajo a usted con tanta seguridad. Spack, conmovido, se dirigi6 al sheriff: —Escuche. Yo habia encargado un mausoleo para mi pobre hija. Que lo destinen a sepultar el cuerpo de esta infeliz por mi cuenta, ya que no puedo hacer otra cosa por ella y si tiene familia, digamelo para preocuparme de su porvenir. —Muchas gracias. Haré las gestiones precisas. Dio orden a sus ayudantes para que guardasen el cuerpo de la muchacha en la caja ya preparada y lo llevasen al cementerio y senalando a Zenker que les miraba con ojos de loco, exclamé6: —A este sapo lo atravesaremos sobre uno de los caballos y lo llevaremos a mis oficinas. Alli tengo un buen calabozo y lo encerraré hasta que le haga cantar. cConniclooolks C@©