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Pulp Fiction, 1940 · page 67 of 100

Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 67: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 67: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

los bandidos exclam6 sordamente: —Aqui fue donde encerraron a la pobre Vera. Y tomo un punado de tierra besandola falsamente. Spack fingi6 imitarle y el secretario girando a su izquierda, le condujo al lugar donde se erguia la cruz. —jY esta es su sepultura! Por un momento quedaron erguidos frente a la tosca cruz, con la mirada clavada en la tierra. Sus rostros reflejaban una emoci6én intensa, pero cada uno tenia un motivo adecuado para sentirla. El uno de avida sorpresa y el otro de miedo por lo que pudiera surgir. Los tres desenterradores a su lado, parecian indiferentes al acto, pero los tres por una rara coincidencia, tenian las manos metidas en los bolsillos derechos de sus raidas chaquetas. Por fin Zenker fingiendo un esfuerzo, ordené: —Caven en esa sepultura, pero tengan cuidado. Debajo hay un cuerpo a unos cuatro palmos de la superficie. Los obreros se pusieron a la faena tanteando la tierra con cuidado y cuando estimaron que se acercaban a la profundidad indicada, dejaron los picos y con unas pequenas azadas, continuaron extrayendo tierra hasta que poco a poco, fueron descubriendo el cuerpo de la infeliz muchacha. Entre la tierra, el ya indicado periodo de descomposicién y lo que los rufianes habian desfigurado el rostro de la muchacha, era imposible reconocer las facciones de esta. Solo se destacaba la mata de pelo y el cuerpo, de una altura aproximada al de Vera. Con toda precaucién fue extraido y depositado sobre la superficie dura de la tierra. Spack se qued6 tenso mirandola y por fin exclamo: —Esta es mi hija, Zenker? —Lo duda usted, senor Spack? —No, pero scOmo puedo reconocerla? Esta completamente desfigurada... —Tenga usted en cuenta que lleva enterrada muchos dias sin protecci6n alguna contra los gusanos. —Es cierto... S6lo puedo fiarme de su palabra. ;Me jura usted que este cuerpo es el de mi hija Vera? —jSe lo juro! Subitamente, una voz incisiva grit6 frente a él: cConniclooolks C@©