Pulp Fiction, 1940 · page 66 of 100
Aventuras de Jim Texas: El monstruo ataca — page 66: what you’re looking at
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El millonario se retir6 a su dormitorio, pero no pudo conciliar el sueno en toda la noche. Sentia una horrible zozobra pensando en lo que iba a suceder al dia siguiente y temia que cualquier contratiempo imprevisto echase por tierra los planes de Texas. Por la manana, Zenker le advirti6 que iba a visitar al encargado de construir el mausoleo y si éste se hallaba concluido, arreglaria todo con el encargado del cementerio para el traslado. Era mediada la tarde cuando regres6é en busca del financiero. Parecia muy satisfecho y apenas entro en la estancia, advirti6: —Todo arreglado, senor Spack. He gratificado con largueza y muy bien al encargado del cementerio y éste enviara una caja y tres hombres que se encarguen de la operacién. El cadaver sera exhumado sin ruido y trasladado al cementerio general. En su dia, cuando todo esté concluido, podra lanzarse a los cuatro vientos la verdad de la muerte de su hija. —Bien, ¢cuando iremos en su busca? —A las seis. Es la hora en que he quedado en recoger a los hombres que han de llevar a cabo el desenterramiento. Seran discretos, pues he comprado su silencio. Como habia predicho, a esa hora, tres hombres rudos, vestidos de una manera bastante pobre y vulgar, esperaban a Zenker en los bajos del hotel. Se presentaron a él como los enviados por el encargado del cementerio y advirtieron que una carreta con la caja les esperaba en las afueras del poblado en un lugar ya convenido. Zenker que habia alquilado un par de caballos para hacer el viaje mas descansado, ofreci6 uno a Spack y esto subidé a él, no sin antes asegurarse de que llevaba el revélver bien cargado en el bolsillo. Los desenterradores les siguieron a pie, aunque el camino era largo, pero poco después, al unirse a la carreta montaron en ella y se dirigieron a las cortadas. La tarde se hallaba bastante avanzada cuando se introdujeron por aquel terreno aspero y herboreo y la carreta hubo de ser dejada bastante atras por no existir espacio abierto para que rodase. Los tres ayudantes cargados con la caja, seguian a Zenker, quien decidido como hombre que conocia bien el terreno servia de guia. Por fin, alcanzaron el pequeno descampado donde algtin tiempo atras se desarrollaron tan tragicos sucesos y senalando la cueva que atin conservaba en su entrada parte de las piedras amontonadas por cConniclooolks C@©